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Relato de viaje a La Serena - Ruta costera

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Enviado por: Carlos (5893 lecturas)

Textos de Carlo Etchegaray http://www.geocities.com/carlosuzuki/

Este viaje nació gracias a una invitación que me hizo el amigo de un amigo. En Agosto del 1997 había viajado al norte para visitar el desierto florido, fenómeno que se produce entre 500-800 kms. desde Santiago por las inusuales lluvias que se ocurren entre La Serena y Copiapó. Hubo sol y Lluvia, harta lluvia, el agua cortó la ruta en 7 partes y de no ser por mi DR 350SP, habría quedado aislado en la mitad de ninguna parte, así da gusto viajar en moto.
El día del encuentro es el 11 de Septiembre a las 13:30 hrs. A los pies del conocido faro serenense.
El martes 9 de Septiembre por la tarde dejo preparada la moto para partir apenas me desocupe el miércoles, llevo todos los implementos necesarios para camping, comida y repuestos para la moto, todo eso repartido en tres mochilas.
Miércoles 10, 14:15 horas estoy listo y acabo de encender la moto para partir en viaje hacia La Serena, mi idea es andar hasta poco antes que caiga la noche para acampar en un lugar protegido del camino y al otro día llegar a La Serena tranquilamente.
Ya cerca de la carretera lleno el estanque y el bidón. Un invento que había hecho en la moto era para conectar el envase de 10 litros, en cuya tapa introduje una manguera que llegaba hasta el fondo, por medio de una T de bronce uní esta manguera a la que se conecta al carburador previo paso por un filtro. Debería usar primero la bencina proveniente del bidón y luego dar el paso a la del estanque de la moto, este envase debía ser ubicado por sobre el nivel del carburador, yo lo situé sobre la parrilla que tengo en mi moto, así cae por gravedad.
Las copiosas lluvias del invierno que aún no terminaba permitían que desde la salida misma de Santiago hubiera una verde alfombra de pastos varios matizados con algunas flores que vaticinaban la cercanía de la primavera. En las cercanías de la cuesta Las Chilcas el paisaje varió a un manto amarillo con algunos dejos de verde entremedio, era un prado de Yuyo muy tupido que me llamó la atención como para detenerme y tomar unas fotos.
Me quedé allí unos minutos mas contemplando tanta belleza salvaje, regalo del invierno lluvioso.
Ya son las 17:30 hrs. y he venido sintiendo un movimiento extraño en la moto. ¿Será efecto del viento?. La velocidad es de unos 80 kms/hr. , pero cuando paso por el borde de una depresión en el camino la moto me hace un movimiento lateral repentino, traté por todos los medios de maniobrar la moto lo mejor posible para evitar irme al suelo, detuve la moto a un costado del camino y me di cuenta que a la rueda trasera le faltaba bastante aire.
No se veía clavo alguno, igual tendría que revisar la cámara y en la próxima vulcanización repararla si estaba dañada, ¡que lata!. Me armé de paciencia y empecé a aflojar la tuerca de la rueda. Cuando tenía la cámara afuera, me percaté que el problema lo originó un parche que se calentó y comenzó a despegarse, ¡porca miseria!.
Tardé una hora en cambiar la cámara por lo que apenas vuelvo a la carretera comienzo a buscar un lugar para acampar, algo bueno encuentro pasado Socos, en el camino de acceso al poblado de Oruro, me llamó la atención este nombre ya que en Bolivia hay un poblado con idéntico nombre y el cual me gustaría visitar en un viaje futuro.
El sector posee un pasto corto, hay restos de una cerca hecha con una variedad de cactus que aprovecho como aislamiento contra el ruido de la carretera, que dicho sea de paso, no deja escuchar ni el zumbido de los cables de alta tensión que pasan por el lugar. La luz ya es escasa y tengo que armar la carpa, mientras tanto coloqué a calentar el agua para preparar la comida, agua que conseguí en la estación de servicio ubicada en el cruce con Socos, me servirá para calentar el cuerpo y temperar el saco de dormir, me ayudé con una ampolleta conectada a la batería de la moto para obtener algo de luz. Con el cuerpo caliente gracias a la sopa trato de quedarme dormido pero el ruido de la carretera me hace la tarea difícil.
Por la mañana me despierto súper temprano, espero a que aclare para salir del saco y comenzar a desarmar el campamento, además de tomar algo caliente para combatir el frío de la mañana. Ya en la carretera de nuevo me desplazo tranquilamente teniendo en cuenta que tengo toda la mañana para hacer los 100 kms. hasta La Serena. Cuando voy pasando por un caserío a orillas de la carretera, por entre camiones cargados que permanecen estacionados en las afueras de un restaurant, veo una vulcanización, pienso, ¿Paro aquí o sigo?, mejor me detengo no vaya a ser cosa....
Es temprano y la vulcanización ya está abierta, en ella además se efectúan trabajos de soldadura, el encargado del local estaba trabajando con soldadura en la suspención de un camión. El negocio, que no era mas que una mediagua, permitía desarrollar sin muchas comodidades ambas actividades. A lo amigo me acerco al jefe para ver la posibilidad de reparar la cámara y tratar de negociar el valor del trabajo, de entre las ruedas del camión me responde que la cámara se la pase al ayudante pues él va ha demorar con la soldadura, tiene que sacar un perno cortado y soldar parte de la suspensión del camión que ya viene desarmándose por el peso de la carga, al consultarle por el precio me dio una respuesta que me dejó un poco preocupado "no se preocupe, no es caro."
El lugar parecía picada de camionero, así que entré al restaurant y como sabrán, estos señores de la carretera no toman un desayuno de café con leche y pan con margarina, a esto hay que agregar huevos revueltos, jamón, queso y hasta churrascos tipo bistec. El asunto es cuánto se quiere gastar en un desayuno, por mi parte me inscribí con un café con leche y una marraqueta con huevos revueltos, para mi eso es suficiente (en cantidad y precio), US$2
A la salida del restaurant la cámara ya estaba reparada y la sonriente cara del ayudante, así como que con este salvo el día, me anuncia que son sólo US$1.5, ¡Uf, menos mal!. Otra vez pongo en marcha el motor de la moto y me apresto a subir la cuesta que deja atrás dicho caserío, quedando anotada una nueva picada, dónde es posible comer sabrosamente.
Ya alrededor de las 10 de la mañana me encuentro recorriendo las calles de La Serena, pensando en que hacer hasta pasado el mediodía.
Les contaré mientras tanto que a través de un amigo en común el organizador del viaje, Juan Antonio, se puso en contacto conmigo para contarme que él junto a un grupo de personas conocidas iban a viajar en moto y camioneta 4x4 desde Antofagasta hasta La Serena, entre el 11 y 17 de septiembre, yo le pregunté si podía ser al revés, ya que quería ir a San Pedro de Atacama para ver como era en esta época, él lo pensó y no puso objeción, así yo podría ir con ellos. Llegarían en sus vehículos y todo el equipaje, además de las motos, nos juntaríamos en el Faro de La Serena.
Aburrido, me fui al Faro y me quedé allí hasta que el grupo apareciera, dormí un buen rato, caminé por la playa hasta que a las 14:30 el grupo llegó. Después de un rato decidí acercarme para saludar ya que ellos estaban en los preparativos, allí me percaté que dos de ellos habían estado en mi colegio, son hermanos y yo había sido compañero de curso de otro de sus hermanos.
Una vez que estuvimos listos, fueron a dejar los vehículos a la casa de una amiga de Pablo, otro integrante del grupo.

La idea era seguir por la playa e ir buscando los caminos costeros que existen en la zona, pero debido al caudal del río Elqui no fue posible continuar por la playa, por lo que tuvimos que devolvernos y tomar la ruta 5 norte.
Yo andaba con todo mi equipaje sobre la moto y conducir por la arena en una cuatro tiempos no era agradable, en absoluto. Anduvimos unos kilómetros hasta que encontramos un camino de tierra a la izquierda, nos metimos por él y salimos a una playa, la cual recorrimos completamente hasta que la elevación de un cerro nos impidió continuar rumbo al norte, salimos a un camino que estaba en las cercanías y por él accedimos a la carretera norte nuevamente, enfilamos unos 25 kms. hasta Punta Hornos.
Allí había una huella por la que accedimos a una semi empedrada playa, seguimos un sendero que nos condujo a una pequeña quebrada, donde encontramos a un grupo de jeeps tratando de sortear este obstáculo, en moto la aventura ya había comenzado y esto no nos detendría. Por mi parte el peso que llevaba me hizo intentar dos veces la subida, ya que estando en el lecho seco perdí el equilibrio y me fui encima de un arbusto espinudo, reventando la mochila que colgaba de ese lado. Por su parte Pablo también tuvo dificultades para trepar la ladera con su XT 225, pues no tenía moto desde hace tiempo, y para esta aventura su polola que viajaba en la camioneta le había regalado este caño. Un espectador gentilmente se ofreció para hacer subir la moto hasta la cima, gestión que Pablo aceptó.
El paisaje estaba precioso, todo verde con algunas flores silvestres que inmortalicé en un par de fotos.
Cuando estuvimos listo para reiniciar la marcha me percaté que no había sendero que seguir, por lo que me preocupé de no pisar los matorrales que había por doquier. Era el último del grupo ya que los demás partieron como estampida hasta encontrar un camino que siguieron hacia la costa y al poblado de Chungungo. De pronto me encuentro a Juan Antonio y me hace saber de que había pinchado la cámara de la rueda delantera, pero me dijo que no me preocupara pues podía seguir así hasta encontrar la camioneta.
¡Chiusss! pienso yo, con la gente que me he metido.
Con nuestra llegada a Chungungo, la población del lugar subió en cerca de un 5%, además cuenta con un teléfono público. Una vez dejado atrás el poblado, dos motos mas caen con pinchazos por lo que decidimos acampar para hacer las reparaciones pertinentes, yo me había comenzado a preocupar por la extraña coincidencia de esos pinchazos,¿Cómo el camino iba a ser tan hostil?.
Las cámaras de repuestos se hicieron pocas, a lo que se sumó que una de las motos necesitaba una llave allen para poder tener acceso a sacar la tuerca de la rueda, llave que el dueño de la moto no tenía por que la había comprado el día anterior, bueno sencillamente no se preocupó de ese pequeño detalle fatal. La única solución era llevarse la moto en la camioneta hasta La Serena y repararla allá, ojalá se traigan la bendita llave allen, además de comprar mas cámaras adicionales. Esa noche hubo un rico asado, lujo que se podían dar los que se preocupan de andar con una camioneta que lleve los bultos, bueno, es otra forma de viajar.
El lugar de camping era de ensueño, verde por todas partes como si estuviéramos en el sur. Por la mañana la camioneta partió temprano con todas las ruedas damnificadas, para estar de vuelta lo antes posible, yo por mi parte fui en moto hasta un riachuelo para lavarme la cara y afeitarme, quizás cuando encontraría un curso de agua nuevamente. En las cercanías del campamento había un ranchito que a no ser por el humo de la chimenea hubiera pasado por deshabitado.
La mañana estaba nublada por lo que hubo que esperar un buen rato a que las carpas se secaran. Mientras tanto en el campamento se dedicaban a chacotear ya que uno de los hermanitos Tagle es bueno para la jarana.
Entre chacota y chacota se usó una de las motos que no pinchó, la de Francisco una WR 250 (la otra era la mía), iban y volvían a una caleta de pescadores que estaba cerca, en sus mejores tiempos por ahí embarcaban cobre como lo demuestran vestigios de losas y murallas que delatan que las condiciones de vida eran bastante mejores de las que tienen los esforzados buzos que ahora ocupan dicha caleta.
Cuando llegó la camioneta, cerca de las 13 horas, estábamos aburridos de esperar, armamos las motos y nos dispusimos a partir, previamente habíamos comprado unas jaivas a $0.3 cada una, que serían preparadas durante la noche.

A poco andar, la moto de Pablo pinchó nuevamente, ya que el neumático tenía mas espinas que no habían llegado a la cámara, nos demoramos como 2 horas en reparar la pana ya que mordimos tres cámaras cuando se instalaron, al final colocamos una cámara varias medidas mas chica, gol de la tienda de motos donde la compraron, pero sirvió igual para superar el problema.
Mientras estábamos en esto, se nos avisó que Francisco tenía problemas con su moto, después supimos que se había empastado la bujía, y con los pescadores de Chungungo se consiguió una, aunque no correspondía el modelo igual funcionaba. Por la suerte que teníamos, se había comenzado a correr el rumor de que había un Yeta entre nosotros, secretamente elegimos a Rodrigo, que casualmente había usado la moto de Francisco.
Seguimos rodando por este camino costero que no aparece en los mapas pues sólo es para vehículos con doble tracción y que dicho sea de paso es una maravilla para las motos, el paisaje es indescriptible.

Ya cuando comenzaba a oscurecer llegamos a un lugar para acampar , que estaba situado casi al comienzo de la larga playa situada en el lado sur de Choros Bajos, nuestro campamento estaba poco antes de comenzar a bajar hacia la playa y teníamos un vista de la costa envidiable.

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