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Relato de viaje a Susques - CUANDO EL CAMINO ES EL ÚNICO DESTINO

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Enviado por: falca (1222 lecturas)

Rodando entre Purmamarca y Susques, ascendiendo y descendiendo por la Cuesta de Lipán, cortando la blancura de Salinas Grandes con mirada no tan pura, sorbiendo los colores de las montañas a más no poder... me dí cuenta que el destino es una excusa para andar. Que sabio es el camino, sin decirnos nada cuanto no da.

El colectivo de los miércoles

Ni bien llegada a Purmamarca me entero que el colectivo que va a Susques pasa justo ese día. Sin pensarlo demasiado (lo hace solo dos veces por semana) vuelvo rápidamente al hostal y levanto campamento. No acabo de pisar tierra y a embarcarme de nuevo.
No sé bien por que, pero quería ir a Susques. Una amiga me habló de este sitio marrón, la iglesia que ví en el diario de un viajero y el hecho de encontrarse tan apartado de la ruta más turística fueron los detonantes. Suficiente.

La Cuesta de Lipán

Cuando nos alejamos de los colores, los marrones empiezan a copar el paisaje, las montañas son imponentes, algunas formas surreales, piedras castillos, cactus colosales, precipicios agudos.
Empezamos a ascender en una ruta vertiginosa. Trepamos la montaña, poco a poco se van viendo los vehículos que vienen atrás, allá abajo. Las curvas son cerradísimas y al observarlas muy concentrada desde la ventanilla, me quedo sin respiración. Pero las vistas me dejan sin palabras (si tuviera con quien hablar) y junto con la adrenalina del camino, estoy casi en estado de trance. Me gustaría tener dos cabezas para mirar a ambos lados de la ruta.
Y al fín llegamos a la cima de la cuesta, como un gran mirador se ve el camino que dejamos allá, un gran dibujo con muchas curvas, un zig zag impreso en los marrones de las montañas.

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