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Relato de viaje a Posadas - De Asunción a un pedacito de Argentina.

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Enviado por: Jacho (1685 lecturas)

Me despedí de la capital de Paraguay como me gusta hacerlo, caminando por su centro, volviendo siempre a él. Ese día el calor de este trópico rebelde azotaba la ciudad, los buses se movían más lentos y todo tenía ese sopor tan típico en días como esos. Centro llano de locales medio abiertos, centro limpio pero olvidado, ese Paraguay del desarrollo a medias, ese pueblo castigado por años de dictadura disfrazada con las máscaras comunes. Fui al puerto en busca de vientos y cebadas para despedir a la ciudad, para decirle un adiós a largo plazo, sé que me demorare para pisar de nuevo estas tierras donde el amor no se afinco mucho, pero claro que queda un sentimiento de gratitud. En esa pequeña tienda del puerto bebiendo una robusta cerveza pensaba en el pedazo de Paraguay que me fue dado conocer y las capitales que son la muestra del país pero que por supuesto no lo son todo, se concentra la gente y la industria pero se escapan tantas cosas.

El Paraguay del guaraní no se escucha tanto en la capital, nuestras lenguas autóctonas para algunos son vergüenza y en las capitales que son de todos y de nadie hay muchos fantasmas que hablan. Iba más lento el día con la cerveza en el puerto, pero mucho más llevadero, el calor se apagaba y los recuerdos como siempre, se adherían a la piel que es lo más profundo, como bien decía Paul Eluard. Había que partir de la capital entonces, montar a la dama que se encontraba rozagante por la reparación que le hicieran, cadena nueva, piñones nuevos, nuevas pastas de freno y un baño rejuvenecedor, ella es mujer yo la entiendo, a ellas les gusta ese tipo de cosas por el cuento de la vanidad, mi chica también es vanidosa.

El calor del día anterior se extendió al siguiente y bueno, hay que bendecir al rey sol pero los reyes a veces abusan de su poder y este hoy se estaba excediendo, pegaba duro, con fuerza, menos mal la dama sabia como llevarme en su lomo, pero en ocasiones y con gran dificultad remontábamos pequeñas cuestas que cortaban las extensas rectas que iban apareciendo en el camino que dejaba Asunción por aquella, la ruta número uno como es llamada. Me encontraba literalmente bañado en sudor y los kilómetros llegaban lentos, en ocasiones los caminos no son de mantequilla si no de barro y este era uno de esos. Había que parar mucho e hidratarse aun más, al medio día con el sol en la cúspide se hacía  imposible pedalear, necesario parar a comer algo y en uno de esos pueblitos en medio del camino me detengo, es notable ya aquí la presencia del guaraní, la otra lengua del país. Con soltura la gente se comunica en ella, yo ignorante escucho como testigo mudo. La gente se sigue interesando por esta, mi historia de recorrer Suramérica en bicicleta, la Dama y yo seguimos sacando expresiones de asombro cuando contamos de dónde venimos y como cada vez nos alejamos más, más es el asombro.

Después del almuerzo hay espacio para una charla con los locales, a falta de cafecito, un dulce y una buena conversación y la oportunidad para saber quién es quién. Una profesora de guaraní me cuenta de cuan viva esta esa lengua, me trata de enseñar algo, pero nada, me es difícil. Hay que seguir camino a pesar de que el sol no se calma, las rectas desafían pues es ahí donde quedas a merced de él, tengo que hacer otra parada en una estación de servicio, el sol es implacable hoy, pero es bien, tengo más conversación, mas de esta lengua local, un dulce de maní que me regala una anciana que vende dulces, Latinoamérica no defrauda, descansa y te agarra donde estés. Cuando ya he cumplido con un kilometraje justo y el cuerpo se manifiesta me detengo en mi primer pueblo, San Roque y vuelve una mano amiga. Silvino es un joven del cuerpo de bomberos, su boina negra con una estrella roja en el medio me habla algo de quien es, por supuesto me tiende su ayuda y entre un refrescante tereré dejamos caer la tarde mientras él me habla de este su golpeado país por la eterna dictadura.

Me habla del posible cambio que puede venirse con Lugo, el nuevo presidente, conversamos sobre las paradojas de nuestra América. Paraguay tiene la mayor represa del mundo y falta luz, es costosa y más de la mitad de la represa no es de ellos, en el mismo San Roque hasta hace poco llego la luz, me contaba de lo desesperado que se encontraba antes de las elecciones pasadas y me decía que si la hegemonía del partido colorado seguía, él tomaría decisiones extremas, yo lo entiendo, a eso nos llevan estos caudalosos ríos que duermen pero que acaban con todo. Seguí al día siguiente para llegar a San Miguel, entrar en el departamento de misiones y dormir por vez primera con la policía paraguaya, amables como siempre pude poner mi carpa en sus terrenos. Ellos se siguen comunicando en guaraní yo me sigo sintiendo perdido, quién pudiera habitar tantas lenguas. Al otro día el panorama climático cambió y una lluvia me puso en problemas, fina lluvia sin rumbo, fina lluvia indecisa y yo queriendo continuar.

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