Y a nosotros nos llovió. Las formas rocosas y las dunas del Wadi Rum forman paisajes evocadores y son todo lo que uno puede esperar de un desierto. Los alojamientos son campos de tiendas de campaña gestionados siempre por beduinos.
Se pueden hacer pequeñas excursiones a pie, tours en cuatro por cuatro e incluso alquilar quads. Simplemente hay que dedicarse a contemplar las espectaculares vistas que el desierto nos proporciona. Las noches son frías y son el momento ideal para charlas al lado de un buen fuego.
Desde que Sir Lawrence de Arabia escribió sobre el Wadi Rum, sus palabras entraron a formar parte de ese imaginario de muchos viajeros y de intrépidos lectores y con su ayuda se convirtió en uno de esos mitos que uno no puede perderse. Pese a que es un desierto un tanto concurrido sigue siendo un gran lugar para reencontrarse.

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