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Relato de viaje a Petra - PETRA-EL TESORO OCULTO DE LOS NABATEOS

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Enviado por: starrover (4832 lecturas)

 Petra, EL TESORO OCULTO DE LOS NABATEOS  
Cualquier persona que atesore algo de espíritu aventurero en su interior habrá soñado alguna vez con descubrir una ciudad perdida, olvidada por el mundo y oculta por el secreto manto del tiempo, un lugar de sombras y luces, de ecos y silencios, habitado sólo por misterios a la espera de ser descifrados. Hace ya tiempo que este tipo de hallazgos son poco menos que imposibles, pero hace doscientos años, si se estaba dispuesto a perder la vida y soportar mil penalidades, uno podía alcanzar ese sueño.  Fue el caso de Johann Ludwig Burckhardt quien dio con una ciudad arrancada a la piedra que se creía perdida desde hacía siglos: Petra. ¿Cuáles fueron sus sentimientos al ver ante sí ese lugar perdido para Occidente?

A juzgar por sus escritos, su júbilo y emoción se mezclaron con el miedo a que éstos encontraran un reflejo en su rostro, en sus gestos, en su voz. Y es que su misión era tanto la de explorador como la de espía. Y le iba la vida en ello. Cuando Burckhardt atravesó el cañón que da entrada a la ciudad de Petra era el 22 de agosto de 1812. Para entonces llevaba más de tres años viviendo una vida ajena, mintiendo y temiendo ser descubierto, pues ello le costaría la vida. Había nacido en Lausana (Suiza) en 1784 y cursado estudios en las universidades de Leipzig y Gottinga. En 1806 se ofreció como explorador a Joseph Banks, a la sazón presidente de la prestigiosa Royal Society y una de las personalidades más respetadas de su época. En aquellos años la profesión de explorador no era cualquier cosa.

El mundo de entonces era un lugar peligroso en cuanto se abandonaban los núcleos urbanos. Los extranjeros a menudo no eran bienvenidos, era necesario llevar consigo todo lo que uno pudiera necesitar y las enfermedades resultaban mortales con frecuencia. Consciente de los riesgos y dispuesto a minimizarlos, Burckhardt se sometió a un riguroso entrenamiento que incluía ejercicio físico y ayunos. En Londres y Cambridge estudió árabe y medicina, conocimientos que le serían útiles en su expedición. Su intención era unirse en El Cairo a alguna de las caravanas que salían con destino a Fezzan, en el sur de Libia y desde allí alcanzar la legendaria Tombuctú, destino de otros exploradores antes que él y que habían perdido la vida en el intento. En marzo de 1809 partió para Oriente, con la intención de perfeccionar el árabe y familiarizarse con el mundo islámico antes de dirigirse a Egipto. 

Sabía que un cristiano occidental no conseguiría completar la hazaña que se proponía así que creó una nueva identidad en Malta. Sabía también que no podría engañar a los árabes haciéndose pasar por uno de ellos. Necesitaba una historia que resultara verosímil y creó a Ibrahim Ibn Abadía, un comerciante indio de fe musulmana que volvía a su hogar tras haber pasado su juventud en Inglaterra. Ello justificaba su acento. Además, cuando alguien por curiosidad le pedía que se expresara en hindi, Burckhardt les hablaba en un dialecto suizo que nadie podía entender.  La travesía hasta Siria se prolongó más de lo previsto por los frecuentes cambios de destino en los barcos. Los capitanes, una vez embarcado el pasaje y cobrado el dinero, revelaban en alta mar su ruta real. Burckhardt no perdió el tiempo y anotó todo lo que vio: vías de comunicación, medios de transporte, cultivos, fábricas, artículos de comercio, defensas, armamento... En varias ocasiones estuvo a punto de ser detenido por espía, pero siempre logró escapar de la muerte gracias a sus profundos conocimientos del Islam, que le permitieron superar los exámenes a que fue sometido. 

Permaneció dos años y medio en la ciudad siria de Alepo para aprender las peculiaridades dialécticas del árabe. Desde esta ciudad efectuó viajes para conocer a los beduinos del desierto, con los que a veces convivía durante meses. En estas excursiones visitó Palmira e hizo un viaje por las ciudades de la Decápolis. Fue allí donde se enteró de la existencia de una ciudad abandonada que los árabes creían obra de los encantamientos malignos de un gran mago llamado Faraón. Sólo algunas tribus de beduinos utilizaban estacionalmente las tumbas como morada y ponían un especial empeño en desalentar las visitas imprevistas.  Burckhardt dedujo que aquella ciudad podría ser la que la Biblia menciona como Sela, "Petra" en latín. Según la Biblia, ése fue el lugar donde fue enterrado Aarón, el hermano de Moisés. El explorador supuso que si era  capaz de encontrar esa tumba, encontraría Petra. Contrató un guía para que lo llevase hasta la sepultura de Aarón, también venerado por los musulmanes, a fin de ofrecerle un  sacrificio.  

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