De Wadi Rum a la ciudad de Aqaba había no más de tres cuartos de hora. Éste es el único lugar de Jordania con salida al Mar, por lo que ha crecido bastante como un destino típico de turismo tanto local como extranjero. Sus posibilidades de Sol, playa, relax y, por supuesto buceo, hace que entre dentro de todas las rutas posibles en el país. Nuestra intención era grabar desde un barco que nos llevara a hacer snorkelling (a pesar de que no hacía un excesivo calor), pero hubo un militar que en el puerto se puso muy pesado y nos hizo guardar la cámara. Al parecer es zona caliente al hacer frontera con Israel y Arabia Saudí (además de Egipto al otro lado del Golfo) y cuidan mucho ese aspecto. Pero fue imposible hacerle entender que llevábamos permisos y que era una petición de la Oficina de Turismo jordana. Ni con esas. Menos mal que colamos la GoPro y que las cámaras de fotos de ahora también dejan grabar vídeo.
El barco tenía el fondo de cristal, para poder observar mejor el rico fondo marino. El Mar Rojo es un paraíso de corales y, por eso, la actividad preferida del turismo que acude a él lo hace para ponerse sus gafas y aletas y observar la vida de tantos y tantos pececillos de colores jugueteando debajo.
En ocasiones cuando el barco se detenía cerca de un coral, iba mucho más despacio para mostrárnoslo tras el cristal. Incluso había dos barcos hundidos en los que ya habían criado los corales. Nunca había visto ninguno y me pareció realmente interesante.
Pero el momento de meterse al agua, a pesar del frío que teníamos, llegó. Y la sorpresa fue que se estuviera más a gusto dentro que fuera. El Mar Rojo es cálido, así lo recordaba, pero esta vez me sorprendió ese contraste que nos podía dejar todo el tiempo que quisiéramos dentro a mejor temperatura que fuera. En el agua, además de los peces, la protagonista fue la GoPro, que la sumergimos con nosotros. El viento no permitía un agua con la claridad extrema que se presume en este Mar, algo que sí se puede encontrar en los meses de verano en los que el clima es fantástico todo el tiempo. Pero aún así creo que las tomas fueron maravillosas. Nunca había podido grabar lo que veía bajo el mar y por fín pude hacerlo.
La pena fue salir del agua y regresar al barco, porque me encanta hacer snorkelling. Estuvimos en él de 12:00 a 16:00, y casi atardeciendo, nos fuimos al hotel a descansar. Que luego había que grabar también la cena. Porque ese era otro aspecto vital, el de la gastronomía jordana…

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