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Relato de viaje a Ürgüp - EURASIA, PUENTE ENTRE DOS MUNDOS

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Enviado por: Ruta de los Imperios (3706 lecturas)

© Crónica de Marián Ocaña

Parecía que estábamos en una película americana. La persona que nos acababa de pedir el pasaporte en esta nueva frontera era una mujer policía con una gorra tipo béisbol de cuero blanco y visera azul, alta, delgada y que lleva su pelo rubio recogido en una cola de caballo. Sus ojos azules nos miran con firmeza, examina el pasaporte y nos dice "Welcome to Turkey", y nos invita a pasar al edificio adjunto para extendernos el visado. No sonríe, la mujer turca es la más liberada de todos los países musulmanes pero seria, no quiere que se tome "a broma" la posición que ha alcanzado en la moderna Turquía. Otra mujer policía nos acompaña, esta es más morena de piel y con pelo negro. La fisionomía turca no es una específica, su gran superficie, sus contrastados vecinos y el producto de las mezclas interraciales durante la larga vida del Imperio Otomano han generado una población que va desde los rubios de ojos claros hasta el más puro estilo mediterráneo.
Ni el típico "¿Algo que declarar?", o "abran el maletero, por favor". Nada. Ni siquiera un seguro para el coche, el seguro español con la carta verde vale. No hay tasas, ni formularios, ni impuestos. Nada. Es realmente como si cruzásemos una frontera europea en lo que se refiere a trámites pero es "oriental" en lo que se refiere a hospitalidad.
Mientras se tramitan los visados, el jefe nos invita a un té. Hace un calor horrible, los funcionarios nos comentan que suele hacer calor pero no es normal que haga los 40º- 45º C que está haciendo esta semana. La televisión está encendida, todavía siguen transmitiendo las horribles y desgraciadas imágenes del terrible terremoto, con los teléfonos de ayuda para las familias que se han quedado sin nada.
No es justo, nunca es justo. Se pierde todo en un momento, amigos, familia, el fruto del duro trabajo de toda una vida ... y los turcos saben lo que es trabajar y levantar un país. Kemal Ataturk sigue siendo la figura clave e indiscutible que consiguió crear el país desarrollado y abierto en el que se ha convertido Turquía. Su mirada penetrante y segura se refleja en las fotografías que siguen estando presente en los lugares oficiales, restaurantes o comercios, después de 76 años de la creación del nuevo país. Liberó la economía, estableció las actuales fronteras con el compromiso de nunca reclamar posesiones del recién extinguido Imperio Otomano (no quería dejar cabos sueltos que pudiesen degenerar en el futuro en estúpidas guerras, tras ser un héroe como militar comprendió que la paz permanente es lo único que vale la pena), cambió el alfabeto para romper la barrera del abcedario con occidente (el turco se escribía hasta entonces con caracteres árabes y él lo cambió por los caracteres latinos de occidente), liberó plenamente a la mujer dándole idénticos derechos que al hombre (¡en un país musulmán en 1.928!), dio prioridad a los programas educacionales, estableció a Turquía como un país laico, ... Lejos, muy lejos, está esa manida y equivocada imagen que muchos siguen teniendo del país, como un pueblo tercermundista, bruto y anclado en el pasado. Sus costumbres y tradiciones, que siguen vigentes, han sabido combinarse con gran audacia con un presente muy moderno que cabalga a pasos agigantados. Evidentemente, en un amplio territorio como el suyo no todas las zonas alcanzan el mismo grado de desarrollo, en Anatolia oriental nos encontraremos la gente más conservadora y tradicionalista. Pero en cualquier lugar, la hospitalidad turca es una tradición que practican sin distinción.
Nos terminamos el té, devuelven los pasaportes con el visado, escriben los datos del todo terreno en el mismo pasaporte. Ya está, estamos en Turquía, el país eurasiático.

POR TIERRAS DEL KURDISTAN

Los bancos no cierran hasta las seis de la tarde con lo cual aún tenemos tiempo de cambiar 200 US$ (32.000 pts.) a liras turcas. No dan ... ¡88 millones de liras turcas! La inflación es de vértigo. Una peseta son ... ¡2.700 Liras Turcas! (por un dólar dan 440.000 L.T.). Cualquier cosa que se compre cuesta millones, teníamos un lío tremendo con el cambio. No resulta fácil dividir 3.600.000 entre 2.700 de cabeza. Por un lado es divertido comerte un döner kebab (bocadillo de cordero asado en finas lonchas) y que pagues 750.000, o que eches gasoil y tengas que empezar a contar billetes de 1 y de 5 millones hasta llegar a 15, 18 o 21 millones de liras turcas. Pero las risas se hielan cuando la economía del país comprueba que la inflación es un vagón loco de una montaña rusa.
Sudeste de Anatolia, las casas de techo a dos aguas y de tejas marrones con las paredes encaladas de blanco dan forma a las poblaciones rurales. Es una zona muy fértil, hombres y mujeres trabajan en los campos cultivados que se suceden sin cesar. Las montañas de más de 2.000 m se combinan con los prolíficos valles de algodón, patatas, grano, arroz, aceitunas, uvas, pistachos... por ello la llaman el granero del país. Las ciudades de Gaziantep, Kharamanmaras son núcleos urbanos importantes. Las zonas ajardinadas, el respeto a las señales de tráfico y el no abusar de la bocina son las normas imperantes. Que no esté sonando el claxon sin sentido a cada movimiento, es de agradecer, en los anteriores países era una locura.
En Kharamanmaras las motos con sidecar invaden las carreteras. Este medio de transporte es muy típico de toda esta zona. Lo usan para transportar desde personas hasta verduras, frutas o corderos. Hacemos un alto, junto a la carretera hay un campo de patatas, sus trabajadores han parado para tomarse un tentempié, nos hacen gestos para que nos acerquemos y nos gritan ¡chai,chai! (té,té). Nos acercamos y nos tomamos un par de vasitos con ellos, sólo hablan turco. Pero con gestos y cuatro palabras en inglés entienden que somos españoles y de donde venimos y a dónde vamos. Tesherküler (gracias) les decimos. Güle,güle (buen viaje) nos responden.
Cruzamos el puente del río Ceyhan. Unos chavales se tiran al río desde una altura de vértigo, en una orilla más campos de cultivo, en la otra rebaños de cabras pastan vigilados, dentro del río piscifactorías. Es un pueblo trabajador, nada se deja al azar. Uno de los chicos empapados de agua se acerca a nosotros, nos dice que por un camino comarcal hay unos paisajes preciosos de montaña. Seguimos sus indicaciones, nos encontramos una familia completa desde el abuelo hasta sus hijas e hijos y sus pequeños nietos limpiando y guardando los granos de arroz recogidos junto a una derivación del río. El paisaje es precioso, totalmente montañoso parece una foto de los alpes suizos.
Paramos en un "lokanta", restaurante, al borde de la carretera. La suerte de los restaurantes turcos es que los platos están expuestos dentro de una vitrina transparente, en unas fuentes que los mantienen calientes, con lo cual es más fácil entenderse y elegir. Ya no tenemos que compartir el vaso donde han bebido, por lo menos, cuarenta personas antes que nosotros (práctica habitual y normal de los restaurantes populares de los países árabes que acabamos de recorrer). No tienen ni las marcas de las gotas de agua al secarse. Sopa de lentejas (mercimek o ezogelin), arroz, verduras como pimientos, tomates y berenjenas en salsa, köfte (albóndigas con salsa de tomate), carne estofada... cocinan con aceite de oliva, todo está muy sabroso, todo es al horno o a la brasa, no hay fritos apenas. Mejor.
Las acampadas por las montañas kurdas se suceden. Las temperaturas siguen siendo muy altas. Todas las noches nos tenemos que duchar con nuestros medios antes de irnos a dormir. La ola de calor parece que no se va a acabar nunca.
En el sudeste de Anatolia se concentra la mayor parte de la población kurda, el resto de este pueblo se reparte entre el norte de Siria, noroeste de Irak y noroeste de Irán. Los días que pasamos por esta zona, fueron tranquilos, no observamos nada anormal, al menos durante las semanas que nosotros hemos pasado por su territorio. Incluso más tranquilo que normalmente, los esporádicos, pero violentos, atentados del PKK unido al terrible terremoto que acaba de producirse en plena estación estival han hundido el turismo este año, estábamos prácticamente solos.

EL VALLE DE LAS HADAS

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