"El invierno no es tan frío como en otras regiones de Siberia: apenas catorce grados bajo cero de temperatura media en enero", comentaba un lugareño a mi amigo ruso Oleg. Vino a mi memoria aquella frase del poeta Dostoievski: "Siberia, sepulcro de los vivos".
JAVAROVSK, EL CONTINENTE EXTREMO
Javarovsk se levanta a orillas del río Amur, casi al frente de China. Aquí además de eslavos, viven mongoles, gente de rasgos achinados, pero de ojos celestes, entre otras etnias.
Mientras caminábamos por la costanera de la ciudad, los mosquitos -convertidos en verdaderos aviones de caza- no dejaban de molestarnos. Sucede que aprovechan el corto pero caluroso estío para desarrollarse al máximo. En esta zona, ya fuera de la influencia del mar, el clima es continental extremo, con más de 40 grados de diferencia entre las temperaturas medias de invierno y verano. Y el río Amur parece un gigantesco mar en movimiento, ya que permanece congelado 200 días al año, y, en verano, el deshielo y las lluvias generan grandes masas de agua dulce que pueden resultar desastrosas.
DEL BARCO A LA VÍA ELÉCTRICA
Cuando en el siglo pasado los zares decidieron construir el tren, impulsados por los descubrimientos de grandes yacimientos minerales y para comunicar y proteger el vasto imperio de la amenaza nipona, las obras se iniciaron en los dos extremos de la línea.
Recién en 1904 se unieron ambas puntas, aunque el lago Baikal era atravesado por barcos. Hoy, el Transiberiano, llamado Rossia (Rusia) lleva carteles en cada vagón con la leyenda Vladivostock-
Moscú y se encuentra electrificado en todo su recorrido.