Estás en:» Inicio » Relatos de viaje » Europa » República Checa » Praga » Terezín, la vida en el horror

Relato de viaje a Praga - Terezín, la vida en el horror

Descubre la experiencia de nuestros usuarios en su viaje a Praga. Si estás pensando irte de vacaciones a Praga, encuentra la experiencia de nuestros viajeros, y comparte la tuya. Nuestro objetivo es que para ti, viajar a Praga sea más interesante y barato.
Votación:[1] [2] [3] [4] [5]

Accede para valorar

5 / 5 (1 votos)
Usuario  
Enviado por: janko (1239 lecturas)

A tan sólo 60 kilómetros de Praga, a poco más de una hora en autobús, la atmósfera de cuento de hadas de Bohemia deja paso al horror. Y no tanto porque sea un escenario de muerte, que también, sino por la hipocresía de los verdugos que lo concibieron. “¡Pasen, pasen y vean, el Führer regala una ciudad a los judíos!”… Así, aunque fuera con otras palabras más sibilinas, se anunciaba Terezín a la opinión pública internacional. Adolf Hitler, que había entrado en Checoslovaquia en 1938 y la había convertido en el Protectorado de Bohemia y Moravia, eligió una vieja ciudadela austriaca del siglo XVIII, la de Theresienstadt, para que fuera la cara amable de su política de exterminio.

Allí deportó a miles de judíos checos y creó un “campo modelo” que recibía visitas de periodistas, miembros de la Cruz Roja y diplomáticos occidentales, que salían gratamente sorprendidos de lo bien que vivían sus habitantes. El aparato de propaganda del Tercer Reich redondeaba la faena con un documental en el que se mostraba la activa vida de ese gueto, que contaba incluso con una orquesta. Allí los judíos vivían en paz, podían ir al teatro, montar exposiciones, asistir a veladas musicales… Y todo eso era dolorosamente cierto. Podían hacerlo, aunque no disfrutaran de la libertad para optar a otra cosa. Lo que no se decía a los ilustres visitantes extranjeros era que Terezín era sólo una estación de paso, una parada antes de que sus habitantes fueran enviados a otros campos, esos bien ocultos a la opinión pública, en los que el asesinato era ejecutado con precisión funcionarial…


En mi primera visita a Praga tuve oportunidad de ver en el Museo Judío una colección de dibujos creados por los niños que estuvieron en ese “feliz” gueto. Imágenes infantiles de juegos con pelota, amaneceres y casitas familiares, en las que subrepticiamente, de vez en cuando, la conciencia es agitada con crudas escenas de alambradas, de guardias que golpean sin miramientos, de sangre y muerte en las calles… El Viejo Cementerio Judío era puro atrezzo histórico ante la desgarradora potencia de esos dibujos, completados por las fechas de muerte de sus artífices, ninguno de los cuales vio un año más allá de 1945. Fue mi primer contacto con Terezín. El segundo fue musical: la audición de El Kaiser de Atlantis, una ópera de cámara de Viktor Ullmann, uno de los deportados al campo. Fue el descubrimiento de una extraordinaria hornada de compositores checos que el nazismo cercenó: Ullmann, Gideon Klein, Pavel Haas, Hans Krása, autor de otra ópera, ésta para los niños del campo, Brundibar… Hoy sus obras se han recuperado y nos muestran cómo los habitantes del gueto lucharon denodadamente para que su estancia allí fuera “normal”. Con ellas como cruel pero necesaria banda sonora en el recuerdo, visité Terezín.

Como entonces, también en la actualidad los niños juegan en la desangelada plaza. Porque el lugar no es sólo un monumento y un memorial, sino también un pueblo intramuros de la fortaleza principal. La vida sigue, parecen decirnos, pero los testimonios del horror son aun más dolorosos si cabe en esas circunstancias. Y están presentes a cada paso. La información dada en el Museo del Gueto nos ayudará a reconocerlos. Allí podremos adquirir también la entrada para ver la fortaleza pequeña, usada como prisión por la monarquía austrohúngara y por el nazismo. El lema de los campos de concentración nazis, “El trabajo os hará libres”, cuelga todavía de su puerta de entrada. Su visita, no obstante, resulta más predecible que callejear por el núcleo urbano del campo, entrar en sus patios y estancias con el silencio como única compañía. Porque los fantasmas del pasado huyen fácilmente de los monumentos (y la fortaleza pequeña, aunque trágica y amenazadora, lo es), pero cuesta más, mucho más, arrancarlos de los lugares en los que se ha vivido y vive.

Pon este relato en tu página web:
Enviar a un amigo Enviar a un amigo | Imprimir Imprimir | ContactarContactar con el autor | Facebook Delicious Fresqui Google Menéame myspace Tecnorati Yahoo

¿Has estado aquí? Escribe un relato sobre tu viaje.

Escribe un comentario

Para poder escribir un comentario tienes que estar identificado ¡entra!

HERRAMIENTAS
para viajeros y bloggers
RSS
todas las novedades
NEWSLETTER
novedades en tu correo
DVIAG
nuestra revista digital
GUÍAS
nuestras guías
BLOG
Viajeros Mirayvuela