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Relato de viaje a Praga - Lidice, el silencio de la nada

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Enviado por: janko (1420 lecturas)

“¿Ya hemos llegado?” El chófer del autobús asiente y, sin tiempo que perder, me apresuro a bajar en la nada. Porque no hay nada, sólo silencio, en esta parada. Nada extraño, pues busco un lugar que no existe. Un lugar que existió, pero que de la noche a la mañana desapareció, fue tragado por el vacío. No, no es una de esas leyendas maravillosas que cualquiera de estos pueblos bohemios atesora por millares. No, en este caso se trata de historia, y de una historia de horror, locura y muerte. El 10 de junio de 1942 la aldea de Lidice dejó de existir por decreto del régimen nazi que, borrándolo del mapa y ejecutando a su gente, creía vengar el asesinato por parte de unos paracaidistas checoslovacos del gobernador alemán Reinhard Heydrich dos semanas antes. Los 173 hombres del pueblo fueron fusilados y todas las mujeres y niños enviados a un campo de concentración. De los 105 niños que había, 88 no volvieron nunca… Y tampoco el lugar se salvó: fue completamente arrasado. Hay que reconocerlo, los verdugos hicieron su labor a conciencia y con eficacia.


Hoy Lidice es un memorial a las víctimas de aquella barbarie nazi que pensaba fundar un nuevo mundo y una nueva humanidad sobre las cenizas de otra. Y será un no-lugar, pero impresiona, hace que lo visites con un nudo en la garganta. Nada se ha vuelto a construir allí, sólo un pequeño museo que explica el horror de aquella noche con fotografías captadas por las SS en plena labor, y un monumento de la escultora Marie Uchytilová que recuerda a las víctimas, en especial a los niños, y que todavía hoy recibe flores, peluches y ofrendas de los visitantes. Por lo demás, es un campo verde, que se extiende por unas ondulaciones suaves de las que de tarde en tarde emergen algunos restos de lo que fue una casa, de la iglesia, del cementerio… La naturaleza se ha adueñado de este espacio que una vez fue suyo y lo ha hecho en silencio, con respeto, invitando a pasear y reflexionar. Desde el viejo cementerio se ve Nové Lidice, el pueblo nuevo. Vale la pena acercarse hasta él para visitar su museo y ver un vídeo que, como no podía ser menos, rememora una tragedia que dejó una profunda huella en el país y provocó un estéril clamor internacional.

Cuando volváis a Praga (Lidice está a sólo 18 kilómetros de la capital bohemia), buscad en cualquier tienda de discos Memorial a Lidice, de Bohuslav Martinu, una de las más sentidas y sinceras plasmaciones del dolor que se haya hecho nunca en música. Un símbolo, como la desdichada Lidice, de la locura y sinrazón de las guerras y los totalitarismos.

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