Hay lugares que parece imposible que sean reales. Son lugares que semejan un puro decorado de tan perfectamente ubicados que están, tan armoniosas y pintorescas que son sus edificaciones y tan atravesada de leyendas se presenta su historia. Uno de esos lugares imposibles es Cesky Krumlov, la Krumau alemana. Imposible, pero cien por cien real. Lo que el escritor Leo Perutz decía de que en Praga “lo imposible se hace realidad” adquiere también carta de naturaleza en esta pequeña población, casi una Praga de bolsillo.
El mapa ya nos da una pista de lo especial que es Cesky Krumlov. Un rápido vistazo nos mostrará un casco histórico que se asienta en un meandro tan pronunciado del río Moldava que casi podría decirse que forma una isla. Por si eso no fuera ya suficiente, basta llegar allí para encontrarnos con un núcleo que ha conservado a la perfección su aire de otro tiempo, y ello a pesar de la proliferación cada vez más abusiva de tiendas exclusivamente para turistas, algo por otro lado inevitable si se tiene en cuenta que estamos en la segunda ciudad más visitada de la República Checa después de Praga. Por ello, para que la magia no desaparezca, lo mejor es evitar los meses de verano y acudir hasta aquí en primavera u otoño, estaciones también en las que el paisaje circundante adquiere tonalidades imprevistas y de cuento de hadas.
Pero Krumlov no es sólo ese viejo casco histórico. En el mapa puede pasar desapercibido (aunque hay que reconocer que ello es bien difícil dada su magnitud), pero una vez en ella lo que de verdad atrapa es el magnífico castillo renacentista que corona la población. Estamos en territorio de los Rozmberk, los poderosos señores de la Rosa Roja de cinco puntas que durante toda la Edad Media fueron un auténtico contrapoder a la casa real bohemia. Y que no se consideraban en absoluto inferiores a los reyes lo demuestra este singular palacio, el más grande del país tras el Castillo de Praga. Su redonda torre renacentista pintada se aprecia desde toda la población y es uno de los motivos más originales del conjunto, aunque no el único, pues su interior muestra toda la opulencia de los Rozmberk y de sus sucesores, los no menos poderosos Schwarzenberg. Aunque quizá lo más espectacular sea su teatro barroco y su mecanismo de madera milagrosamente preservado.
El esplendor del castillo contrasta con el laberinto de callejas que constituye el núcleo urbano, con sus pequeñas casas pintadas, sus iglesias, sus cafés y sus tabernas. Tarde o temprano nuestros pasos nos llevarán hasta el Egon Schiele Centrum, una galería dedicada a este pintor austriaco que en 1911 llegó a Cesky Krumlov y quedó enamorado del lugar, estableciendo su estudio aquí. Aunque por poco tiempo, pues los vecinos, escandalizados por el crudo erotismo de sus pinturas, acabaron por conseguir su expulsión… La colección es valiosa y su visita nos permitirá ver que la localidad no sólo vive de su ilustre pasado o su pintoresquismo.
miércoles, 18 de mayo de 2011 RCG dice:

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