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Relato de viaje a Porto - PORTO: de tripas y corazón

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Enviado por: Maria Eugenia (4392 lecturas)

La primera recomendación que usted recibe al llegar a Porto la capital del norte portugués es que no puede dejar de probar la especialidad gastronómica portuense: “tripas a la moda de Porto”. Este plato da nombre a los habitantes de Porto “tripeiros”. La historia se remonta a los siglos XIV y XV, cuando para poder abastecer a la flota portuguesa se debió requisar toda la cabaña bovina de la región. Para los guerreros se reservó la carne, mientras que a los portuenses se les dejaron los interiores o callos como se les conoce en España. Sin embargo la población se las ingenió para acompañar estas tripas con algo más, dando así, casi por casualidad, con esta especialidad. Aunque puede pedir este plato con algún recelo, terminará pidiendo repetición.
Muchas visitantes de Lisboa, esquivan el viaje a Porto, sin saber lo que se pierden, de hecho eso me ocurrió el año pasado en mi primer viaje a Lisboa.
Este año decidí reparar la omisión y tomé un autobús que en solo unas horas cubrió los 220 kilómetros que lo separan Lisboa, por algo menos de 20 euros, el regreso lo hice en un tren rápido alfapendular, super cómodo (38 euros el pasaje).
La oferta hotelera en Porto es amplia y se puede encontrar alojamiento muy conveniente en el sector céntrico por entre 25 y 50 euros.
Porto es la segunda ciudad de Portugal y es célebre por sus vinos. Atravesada por el río Douro, a un lado se emplaza la zona de la Ribeira con el casco antiguo, mientras que es enfrentada por Vilanova de Gaia, en la otra margen, donde están instaladas todas las empresas productoras del afamado caldo.
Evitando eso si, beber hasta intoxicarse, puede probar aquí una variedad casi interminable, de vinos de todo tipo, dulces, tintos y blancos, tempranillos o mas antiguos, de 10, 20 0 30 años de barricas.
En los bares y restaurantes ubicados a las orillas del Duero, tanto en la Ribeira como en Vilanova de Gaia, y en las propias bodegas, tienen muy buena disposición y paciencia para explicarle, tanto la forma de producción como el acompañamiento que deben llevar estos vinos.
Una recomendación: si prueba un vino que le parece que su calidad amerita regresar a su país con un par de botellas en la maleta, cómprelas allí mismo. A mi me pasó que probé un vino marca Porto Cruz muy bueno y después intenté encontrarlo en Lisboa y me fue imposible.
El casco antiguo de Porto le puede demandar dos o tres días como mínimo, ya que hay muchas cosas para ver. Puede iniciar el recorrido en la estación de tren de Sao Bento, que tiene una colección de azulejos, con escenas de la vida cotidiana de la gente que vive en el norte de Portugal que resulta imperdible.
Puede recorrer la Plaza de la Liberdade, la Catedral o como le dicen los portugueses “a Sé”, la Torre de los Clérigos, el Palacio de Cristal y sus hermosos jardines y muchas iglesias que se encuentran en el casco viejo. Los edificios, antiguos y la mayor parte de ellos en etapa de restauración, dan cuenta de una arquitectura particular y con una impronta portuense.
El Cais de la Ribeira o muelle fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, y sus edificios de casitas multicolores con la ropa tendida en la ventana, son una invitación a Tomar miles de fotografías que ayudarán a contar después a los amigos de las bellezas de esta ciudad.
Creo que lo mínimo a considerar para poder tener una aproximación a Porto es una semana, eso le permitirá ver el casco antiguo, Tomar un crucero de una hora por el Douro, que lo llevará hasta la desembocadura (diez euros) y recorrer la otra margen disfrutando, de las variedades del vino de Porto.
El Douro es atravesado por varios puentes, algunos de ellos con declaratoria de patrimonio cultural y diseñados por el ingeniero francés Gustave Eiffel o discìpulos suyos y otros más modernos. Algunos pueden ser atravesados a pie, mientras que otros en tren, metro o automóvil, de cualquier manera es una experiencia atractiva.
Hay que considerar algunos desplazamientos más lejos como por ejemplo hacer una visita de mediodía o día completo si tiene tiempo a la localidad de Barcelos, famosa por su artesanía y por la leyenda que da cuenta como un gallo salvó la vida a un peregrino que hacía el camino de Santiago. Acusado injustamente de robar se salvó al invocar la protección del Apóstol. Y es así como dijo ante el juez que el era inocente y tan así era que el gallo que estaba en un plato para servir de almuerzo del juez se levantaría y cantaría, lo que el gallo hizo.
La leyenda creció y es así como el gallo de Barcelos es ya una postal que refiere directamente a Portugal. Los jueves por la mañana es día de mercado y si va en otro día puede acercarse hasta la oficina de Turismo de Barcelos. Tienen allí una muestra artesanal muy buena y además puede acceder allí a Internet y revisar su correo sin costo, es una gentileza del pueblo de Barcelos. Gallos de tamaño gigantesco están diseminados por la ciudad y podrá fotografiarse como testimonio de que pasó por esta localidad.
Un servicio de tren une Barcelos y Porto varias veces al día por menos de 5 euros.
Si lo que le interesa es la arquitectura puede trasladarse en metro hasta el vecino puerto de Matosinhos y ver allí la huella urbanística dejada por el arquitecto portugués Alvaro de Siza, especialmente a través del edificio del ayuntamiento .
Otra ruta imperdible es el descenso por el río Duero. En la mayor parte de los hoteles cuentan con tours organizados que incluyen el traslado en tren hasta la localidad de Peso de Regua, a unas dos horas de viaje. También se puede llegar por cuenta propia en autobús o tren hasta Regua, hay varias frecuencias diarias.
Los tours organizados cuestan entre 50 a 80 euros por personas e incluyen el viaje en tren hasta Regua, y el regreso en barca por el Douro con almuerzo, naturalmente, con vino del valle. Este paseo requiere casi un día completo. Se parte a las 8 de la mañana y se regresa a las 19 horas. En este caso se puede optar por descensos que incluyan visitas a las viñas y a bodegas, algo más caros.
El viaje por el Douro permite ver el cultivo de viñas en terrazas y la experiencia de descender en la presa de Carapatelo mediante el sistema de exclusas. La presa tiene 170 metros de longitud y tiene en la orilla izquierda una central hidroeléctrica y en la orilla derecha se ubica la exclusa navegable de 90 metros de longitud y un desnivel de 43 metros.
Un dicho de la zona reza que “Dios creo la tierra y el hombre el Duero” después de navegar por mas de seis horas este río y observar como el hombre ha intervenido con éxito la naturaleza, no queda más que darle razón al dicho.
No alcance a visitar las viñas, pero eso quedará para otra oportunidad…
Maria Eugenia
Espero sus consultas en
mvargaspasten@gmail.com

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