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Relato de viaje a Lisboa - Paseo por Lisboa

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Enviado por: numanjorge (5082 lecturas)

 Hola compañeros de viajes, me gustaría proponeros un agradable paseo por la capital de nuestro vecino país, Lisboa, la cual he visitado hasta en cuatro ocasiones, a saber, por  vacaciones, por gusto, por trabajo y por vicio.  Este paseo comenzará a la altura de Marqués de Pombal, cuya larga y ancha avenida de “La Liberdade” induce a un largo y tranquilo paseo por una Lisboa burguesa (olvidémonos por un momento, de la Lisboa romántica y canalla de “Bairro alto ”, con sus fados y restaurantes con olor a mar, antaño resguardo de marineros y prostitutas; la  Lisboa blanca o rosada, geométrica  y pombaliana de la “Baixa”; la Lisboa “antiga” de Alfama, de calles y callejones, recobecos y callejuelas imposibles, estrechas, empinadas y sinuosas, que no dan descanso al viajante, vénulas y arteriolas de la ciudad, llena de tranvías de otras épocas o del corazón descubridor y transoceánico, punto de encuentro de civilizacones del Portugal imperial que evoca “Belem”, o de la Lisboa comercial del “Chiado ”, o de la Lisboa trabajadora, humilde y pobre de “Santo Amaro” y “Alcantara” con sus docas y sus comercios o de la novísima y moderna Lisboa de la EXPO de Alejandro Calatrava en la otra punta de la ciudad).   Marqués de Pombal representa el centro hotelero y financiero de la ciudad (en esta zona se sitúan los mejores hoteles de Lisboa junto a los bancos mas prósperos del país y un conjunto de oficinas que hacen que a diario estas calles sean paso obligado para turistas y negociantes). Esta plaza que da nombre a una amplia zona,  por cierto, estas plazas con sus monumentos y recuerdos a sus hijos e hijas predilectos, tanto políticos, como escritores, poetas, reyes y otras insignes figuras abundan, indicativo del recuerdo que guardan hacia ellos y hacia todo aquel que ha ensalzado el nombre y el destino (no olvidemos que fatum significa destino, y fatum es la palabra derivada del latín que significa fado en portugués, quizá la palabra mas emblemática y, sin duda, embajadora de la lingüística portuguesa) de este país.  La figura del Marqués de Pombal va ligada a la persona a la que fue encomendada la reconstrucción de la ciudad después del terremoto, que durante seis minutos hizo vibrar los pilares de la mismísima Lisboa, y que, junto a un maremoto y varios incendios, asoló la ciudad de Lisboa el día de Todos los Santos de 1755, en el que miles de personas quedaron sepultados bajo los templos y que costó la vida a 40.000 de ellos.A la altura de la plaza se encuentra el Parque de Eduardo VII, al mismo nivel del Hotel Rizt. Actualmente las obras afean su aspecto, en su interior destacan la Estufa fría, la Estufa caliente y la Estufa dulce , formadas por un conjunto de tres invernaderos con un lago con cisnes que permiten al olfato respirar perfumes de hierbas y flores, y por donde merece la pena perderse, y pararse,  respirar  y relajarse con el aire aromatizado de este pequeño pulmón, siempre de agradecer, en el interior de una gran ciudad. Para aquellos que gustan de los espacios verdes, Lisboa también tiene otras áreas similares, para descansar o pasear, como son, los parques con sus grandes fuentes que se encuentran en frente del Monasterio de los Jerónimos (obra maestra de la arquitectura manuelina) o los jardines que rodean la Torre de Belem y el Monumento a los descubridores o el Jardín botánico de plantas exóticas, que lo forman plantas autóctonas de países africanos, orientales, … en el que circulan libremente aves y patos, junto a un palacete y un invernadero que actualmente se utiliza para la investigación botánica; también, y dentro de la zona de Belem, se sita el Palacio de Ajuda, que se encuentra incrustado en una especie de floresta  formada por elevadísimos árboles y todo tipo de vegetación de suelo que dan un aspecto imponente, a la vez que amurallan el recinto, dejando al palacio en una zona mas elevada.   Nuestro paseo transcurre por la avenida de la Liberdade, construida a caballo de los siglos XIX y XX, cuando el “art nova” se ponía de moda en la arquitectura vanguardista lisboeta y europea, el cual queda reflejado en todo el trayecto, es un arte que refleja a la aristocracia y a la burguesía portuguesa de principios del siglo pasado. El paseo comienza con una ligera cuesta hacia abajo, lo cual, para un paseo nocturno estival para estirar las piernas, es de agradecer, en estos casos. Os recomiendo que os fijéis en el piso del suelo, todo el recorrido está formado por pequeños cuadraditos de pavés, que para un calzado de poca suela o de tacón puede resultar muy molesto y con lluvia, hasta peligroso (aunque la lluvia no se deja ver mucho por estos lares), estos cuadraditos que remarcan la calzada, forman una especie de mosaico, que bien podríamos definir como típico portugués, y que, desde luego, distraen la vista,  es el mismo que podemos ver por lo barrios más “castizos”, si se me permite la expresión, para referirme a los motivos portugueses más tradicionales, reflejado en las vidrieras o en las fachadas de los edificios más antiguos de Lisboa y que forman parte de lo que la escultora lusa Joana Vasconcelos refleja en sus obras como “portugalidad”. Según andamos, vamos dejando atrás hoteles de cuatro y cinco estrellas y las sedes de los principales bancos portugueses. Todo el paseo esta lleno de árboles y bancos para el descanso que recuerdan al paseo del Espolón de algunas ciudades castellanas; si observamos detenidamente las fachadas y las paredes de los edificios por los que paseamos en nada nos recordaran a los modestos edificios de paredes agrietadas y con un mano de pintura de menos que nos encontramos por el centro lisboeta, con su ropa tendida y sus azulejos ya curtidos en estrechas y angostas calles. Son los edificios propios de una ciudad burguesa que poco o nada tiene que ver con el romanticismo fadista o el imperialismo de otras épocas. Encontraremos edificios mas propios de Madrid (Goya, Serrano, Velázquez, Colón,…), aunque, eso sí, con un toque portugués dado por los azulejos y con la claridad propia que de la luz de las Farolas y el color de los edificios con sus bonitas cornisas y coquetos balcones que realzan todavía mas el propio edificio.Esta calle, como todas las de Portugal, llena de banderas del país anfitrión en sus ventanas durante el año pasado, recuerda la celebración de la Eurocopa con sus espectaculares cabinas de teléfonos al aire libre, con forma de un balón semiesférico gigante de metal, en las que se encuentran dibujados los mejores futbolistas de Europa. Este largo paseo tiene sus obligadas paradas, en forma de pasos de peatones (muy poco llamativos, y casi imperceptibles) y semáforos, ya que esta larga avenida corta perpendicularmente con infinidad de calles que la abastecen de coches sobre todo en la dirección de Marques de Pombal, salida rápida hacia el sur de la ciudad  y el este (aeropuerto y zona cultural y de ocio de la EXPO), por lo que un paseo vespertino o dominical es más recomendable, aunque esta arteria de la ciudad, debido al paralelismo de las calles no se llega a colapsar, y permite un relajante paseo en cualquier momento. Si en algún momento es necesario un banco, cualquiera de  ellos nos servirá. A esta altura ya habremos dejado atrás las estaciones de metro de Marqués de Pombal (punto de inicio), Avenida, Restauradoes y nos acercamos a la de Rossio, emblema de la ciudad.Cuando llegamos al final del paseo, una vez concluida la avenida de la Liberdade, y prolongada por una de las arterias en las que se vifurca veremos un edificio majestuoso que nos deja ver su interior acristalado que cubre a dos espectaculares palmeras, el Orion Eden, que es la puerta de la Plaza del Rossio, donde encontramos el Teatro de Doña Maria II y la Estación de trenes del Rossio, un poquito antes podemos detenernos para ver el elevador de la Bica, donde pasamos de esta Lisboa altiva y decimonónica a la Lisboa mas antigua y señorial conocida pero también mas pobre, para ello nos es, únicamente necesario, pagar el billete de tranvía, que nos permitirá viajar en el tiempo y en la riqueza, que no en el espacio, pues apenas los separan unas centenas de escarpados y empinados metros.Esta plaza, además de indicar el final del trayecto, es con diferencia, el punto de encuentro de todos los portugueses, y de todas las identidades de Portugal y sus colonias, es una bofetada de algarabía y de reencuentros, que refleja y toma el pulso de la vivacidad de la ciudad, así, como en España, esto lo observamos en las plazas mayores o en los campus universitarios, en Lisboa, nos enteramos de cómo son sus ciudadanos por esta plaza; según entramos dejamos la estación del Rossio, que es lo primero que nos deslumbrara de esta plaza, a la derecha, que con sus puertas gemelas de estilo  neomanuelino en forma de herradura nos invita a entrar y a coger el primer tren en partir, y el Teatro Nacional de Doña Maria II, antes Tribunal de la Inquisición, a la izquierda, en el centro encontramos la magnánima estatua ecuestre de don José I , que da enjundia a la plaza. Si nos situamos en el centro de la plaza podremos ver en lontananza el castillo de San Jorge, de origen árabe, y mucho mas cerca, el convento del Carmo, que quedó en parte derruido por el gran terremoto, y que, a la luz de la luna y de los Faroles que adornan esta ciudad de la luz permiten una visión imponente del conjunto, con lo que Lisboa, además de sus siete colinas que permiten que la ciudad tenga unas bellísimas vistas desde todos sus miradores tiene, un “miradouro” más desde este punto de la ciudad, que a diferencia de los otros, que permiten ver la ciudad de arriba abajo, este, permite ver la ciudad de abajo a arriba, y, por supuesto, “Rossio” no olvida otros aspectos importantísimos de la gastronomía y cultura portuguesa, que son sus pastelerías y cafés que sirven para disfrutar del sabor dulce de su rica pastelería y de las tertulias literarias que acompañan al café y al dulce. El ambiente jovial, festivo y dicharachero nunca se pierde aquí, en esta plaza de don Pedro IV, que una vez se conoció como Plaza del Rossio, y que así se quedó en las mentes y, probablemente también en los corazones de todos los lisboetas, angoleños, brasileños,… que lo frecuentan, y lo visitan a diario para respirar el aroma y escuchar el aliento de esta ciudad.

Paseo por Lisboa
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