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Relato de viaje a Lisboa - La desconocida Lisboa

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Enviado por: Cambaluc (728 lecturas)

Soy los alrededores de una ciudad que no existe

Lisboa, tan próxima y a la vez tan lejana. Su paisaje, lleno de contrastes, es un tesoro para los ojos que la contemplan desde alguno de sus miradouros. Ese aire de ciudad descuidada, melancólica, de belleza decadente, que se respira paseando por las angostas y adoquinadas calles del  barrio de Alfama la hace única. Planos en mano diferencian a turistas despistados de  oriundos  de este  lugar tan emblemático de la capital de las siete colinas.

Una distribución laberíntica, escaleras sin un destino claro, pasadizos y todo bajo la ropa tendida en los balcones que cruza de lado a lado las calles, como si de un elemento decorativo, de las destartaladas fachadas, se tratara. Aquí el azar es el mejor aliado para encontrar una salida.
Tan singular urbanismo se encuentra bajo el Castelo de Sao Jorge , antigua fortaleza que domina la ciudad. Y, si Alfama representa una Lisboa estancada en el tiempo, el barrio Alto es la mezcla de lo tradicional con lo moderno. A las callejuelas, a los rincones con encanto, a las tabernas de fado y a las desvencijadas fachadas se suman, resultando  una perfecta combinación, tiendas y restaurantes chic que seducen a extraños y locales. El ambiente bohemio tiene aquí su espacio. El verso de Fernando Pessoa impregna a librerías, cafés, anticuarios, desde una estatua de bronce dedicada a este distinguido poeta luso. Ó mar salgado, quanto do teu salSao lágrimas de Portugal!Por te cruzamos, quantas maes choraram,Quantos filhos em vao rezoram!Quantas noivas ficaram por casar Para que fosses nosso, ó mar!

Tentando a la suerte, el color amarillo invade la ciudad del azulejo, elevadores que acercan a curiosos y extraños un poquito más al cielo y  tranvías que  trepan por las calles. Sin lugar a dudas una de las mejores maneras de  conocer la ciudad de Vasco da Gama. Los eléctricos (como son conocidos los tranvías en Lisboa), igual que una serpiente, se retuercen por estrechas, empinadas y adoquinadas calles, llevando a los descubridores en forma de turista hasta el último rincón de la ciudad. Lisboa no podría concebirse sin su entramado eléctrico, sin sus raíles en el firme, sin el traqueteo que reproduce el simbólico número 28, seña de identidad de este medio de transporte, trasladando a sus viajeros a los inicios del siglo XX.

Todo cuento tiene un final y éste tiene lugar a orillas del Estuario del Tajo; La Praça do Comercio, la Avenida do Infante Dom Henrique, la Avenida 24 de Julho, camino de Belém, Lisboa se extingue, en cambio, su recuerdo navega de vuelta con el turista enamorado por la sencillez de su belleza, por el olor que desprende una ciudad portuaria, por la cercanía en el trato de sus gentes…por ser fiel a si misma.     

Antiguo Estadio José Alvalade
Elevador hacia los miradouros
Torre de Belem
Lisboa desde el Castello de Sao Jorge
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