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Relato de viaje a Lucca - Toscana

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Enviado por: numanjorge (1444 lecturas)

Florencia, capital de la Toscana

 Lo primero que observa un viajero primerizo al llegar a Italia es el verdor del país. Desde la Roma lacial a la Lucca pre-alpina este color nos acompañará junto a sus ríos y lagos. A Florencia se llega generalmente en autobús, haciendo escala previa en Roma (aeropuerto Leonardo Da Vinci) o Milán o en tren desde Pisa. Florencia tiene un minúsculo aeropuerto, Amerigo Vespucci, cuya presencia es testimonial, alberga una torre de control mínima y algún avión en los hangares, sólo opera allí una compañía, Meridiana, una compañía de vuelos de bajo coste. El aeropuerto de referencia más cercano es el Galileo Galilei de la cercana Pisa. Si se viene de Roma encontraremos a los márgenes de la carretera los verdes campos laciales regados por el Tíber, que se cruza, para cortar con ella, hasta siete veces. El río a pesar de su mudez, nos indica así su presencia, y nos hace saber que durante muchos kilómetros nos acompañará en nuestra butaca del autobús, él detrás de la ventanilla, y nosotros dentro, cubiertos de la intemperie. Durante un corto trayecto, porque así lo quiere el tren, paralelo a nuestra carretera nos acompañará, al otro margen, el izquierdo, el tren italiano de alta velocidad, que une Milán con Roma, o Roma con Milán, en poco mas de hora y media, que es un poco mas del tiempo que se tarda en salir del atasco en la salida de Roma. Poco tiempo durará su compañía, porque en un abrir y cerrar de ojos nos adelantará, no sería extraño verlo pasar varias veces. Ver el verdor agreste y la ciudad etrusca de Orte, fundada por los etruscos hace mas de dos mil años sobre unas tierras volcánicas nos aliviará el viaje. La entrada a la ciudad de Florencia, como a todas las ciudades históricas italianas, conlleva el pago de una tasa turística (en el caso de Roma son tres tasas), en la última reforma el gobierno italiano promulgó una ley revolucionaria por la cual cualquier autobús que entrará a una de estas ciudades, tenía que pagar por ello una cantidad que oscila entre los 70-150 euros. El centro histórico es peatonal y en él no está permitido el paso ni el aparcamiento de autobuses, lo cual lo agradece el turista cuando visita la ciudad, por lo cual es importante tener el hotel dentro de la ciudad, cerca del casco antiguo, aunque sea un poco mas caro.Cuando uno entra en Florencia, capital del Reino de Italia desde 1865 al 1871 y república independiente en la edad media, lo primero que sus ojos rescatan, como puerta y símbolo de la ciudad, es su río, el Arno, porque aunque este río sólo esté de paso en Florencia, y no nazca allí, es de los florentinos. Su caudal, que puede llegar a ser exagerado divide en dos la ciudad, unida por multitud de puentes, todos, excepto uno creados en el siglo XX, debido a que durante el régimen fascista germanófilo, cuando la ciudad estaba a punto de ser liberada de los nazis, estos, en su huida, decidieron cortar todos los puntos de comunicación para dificultar la rendición de la ciudad. Ese puente que fue absuelto, a petición expresa de Guérin, cual Barrabas a manos de Poncio Pilatos, fue y es, el Ponte Veccio, Lleno de vida por las mañanas, como corresponde a la calle con el mayor PIB de toda Florencia, decenas y decenas de joyerías y orfebrerías con la mayor calidad de sus piedras y talles se dan cita en este puesto privilegiado de la ciudad todas la mañanas, este puente, que antiguamente era un matadero, y que vio desfilar sangre y vísceras ahora tiene la mejor visión de todo el río. De la parte externa del puente cuelgan un buen número de casas, que hacen más vistoso y más entretenido su recorrido. Estos puestos se desmontan durante la tarde, y ya, por la noche, si diéramos un paseo solo encontraríamos las luces y el colorido de los pendones amarrados a astas de madera de los barrios que forman esta bella ciudad. En el centro del puente hay una estatua, dedicada a Benvenuto Cellini, gran orfebre y escultor, y al parecer, mejor amante, ya que tuvo que salir con bastante prisa, por cierto, de las mejores alcobas de Florencia, sin consentimiento expreso del marido de turno. Ni que decir tiene que las vistas desde este punto son escalofriantes. Este río, desbordado y embrabecido por las riadas y las lluvias, tan comunes en esta franja de Italia, llegó, el 4 de noviembre de 1966 a anegar el casco histórico de esta su ciudad, Firenze para los italianos, llegando sus aguas a los primeros y no tan primeros pisos de las casas más cercanas.Esta multitud de puentes une las dos partes del río, y nos da una perspectiva más panorámica del río Arno, que es a la ciudad, como la ciudad al río. Desde ellos se podrán ver en el horizonte las murallas de Florencia y sus almenas. Antes de seguir nuestra ruta por Florencia, el viajero debe saber que está ante la ciudad en la que vivieron Dante, Miguel Ángel, Donatello, Leonardo… Florencia nos lo recordará continuamente.Siguiendo el Ponte Veccio hacía el barrio de la Santa Croce podremos entrar en la plaza de la Señoría , a escasos metros, donde estaban las oficinas de los funcionarios de los Medici, con sus soportales a lo largo de todo el recorrido para no mojarse, porque decir Florencia es decir Medici, mas de trescientos años dejan huella y marcan la historia., actualmente cobija al Museo Uffizzi, que alberga obras de Boticcelli (La alegoría de la primavera, El nacimiento de Venus), de Giotto (La Maesttá), de Leonardo (La Anunciación), de Tiziano (La Venus de Urbino). El museo, sin duda, recoge las mejores obras de arte de Florencia y no es excesivamente grande, aunque todo depende de lo que quiera abarcar el visitante. Nada mas salir del museo y girar nos encontramos con un espectáculo bellísimo, el Palacio Veccio (sede del gobierno Medici), es un palacio civil del Cinquecento italiano en el que el puntillismo y el detallismo extremo de sus paredes y techos captan la mirada del visitante, hasta el punto que llega a ensombrecer las obras de arte que alberga, desde su entrada con una fuente que nos da la bienvenida hasta el último rincón de sus incontables salas. Sus vistas sobre el Duomo y sobre el río a través de sus ventanas de madera merecen la pena, pero en la plaza el verdadero protagonista es el arte al aire libre donde las mejores obras del manierismo se dan lugar, cobijadas por soportales o loggias, al rescate del frío y de la lluvia, tan común en estos lares. Otras como La fuente de Neptuno ,o una copia a tamaño real del David de Miguel Ángel se encuentran frente del palacio. El rapto de las sabinas y el Perseo son las obras más significativas. Las obras manieristas, en las que las expresiones de dolor y de grandilocuencia se retuercen melodramáticamente, de tal forma que los propios cuerpos que forman una escultura no se entienden como cuerpos separados, sino como cuerpos formando un solo movimiento retorcido en una sola acción. No se puede entender un cuerpo sin el otro, la piedra hecha alma. Resultaría difícil saber donde comienza una acción y termina la otra. Lo gestos de dolor tan expresivos y el movimiento que implica consiguen vitalizar las figuras, los gestos de los tendones retorciéndose, de las mismas arterias bombeando sangre o de las arrugas de la cara ante la muerte son fotografías de mármol. Esta plaza ha sido un mudo testigo de todos los acontecimientos que han tenido lugar en Florencia, actualmente estas esculturas ocupan el enclave donde tuvo lugar la hoguera de las vanidades de Savanarola, donde todos los libros y artes consideradas inductoras de una falsa moral pecaminosa que embuía a la vieja Europa fueron quemados en una hoguera por la acción de este clérigo, un año después, él mismo fue arrojado y quemado en la hoguera por orden del Papa, ayudado por los Medici, que le consideraron un hereje. Durante una misa mayor en la catedral de Florencia Lorenzo de Medici resulta herido bajo los puñales de los Pazzi, su hermano Giuliano corrió peor suerte y murió al intentar proteger a su hermano, en la que posteriormente se denominaría, conjura de los Pazzi, los cuales a punto estuvieron de cambiar el rumbo de la historia y del renacimiento; en esta misma Torre del Palacio Viejo y esa misma noche fueron colgados cuatro miembros aún sospechosos de la conjura. La expresión del viajero al entrar esta plaza es de admiración. Florencia, la ciudad que inventó el renacimiento, quiere expresar en una sola visión lo que es, y la vista de esta “piazza” es el fiel reflejo de ello, como no una copia del David de Miguel Ángel ocupa el sitio que ocupó una vez el auténtico, y que por razones de seguridad ahora lo alberga el Museo de la Academia. Es la expresión mayor de arte que nos regala la ciudad, y que no veremos en otra. El orgullo de un florentino comienza aquí, desde esta plaza tenemos vistas de las dos torres más altas de la ciudad, y desde este punto la plaza se divide en multitud de arterias que nos llevan al resto de la ciudad, cualquiera de ellas es buena para perderse pero el siguiente destino debería ser la plaza del Duomo , que alberga una de las catedrales mas grande del mundo (Roma, París y Londres le anteceden, pero sólo en amplitud), donde la expresión de admiración del viajero será igual o aún mayor, su cúpula, su campanario, su fachada, sus frescos, su baptisterio o su cripta, pero antes deberíamos pararnos en la Iglesia y el entorno de la Santa Croce , como aperitivo en nuestro recorrido. El verde y blanco de su fachada gótica con tres puertas nos llama la atención, su interior alberga innumerables capillas con frescos de Giotto y un jardín cuadrangular que las recorre, así mismo acoge los panteones de Miguel Ángel, Galileo, Maquiavelo y Rossini. Tiene un sinfín de salones, donde la piedra recoge y guarda el frío invierno, haciendo patente la humedad del tiempo, llenos de frescos y pinturas, además de un interior con recuerdos de innumerables personalidades de la época en su suelo. Nos llevará un tiempo pero merecerá la pena pasear por sus verdes jardines.Una vez llegamos a la plaza del Duomo , nos encontramos con el edificio emblemático de Florencia , y por ende, de la Toscana.,“Il Duomo ”, la Catedral de Santa Maria de las Flores (dei Fiori), un regalo gótico para nuestros ojos, cuando entramos en la Plaza a partir de una de sus callejuelas adyacentes nos encontramos, o mas bien nos encuentra él, porque parece que está esperándonos , con su largísima torre-campana, el Campanile de Giotto ; nuestra mirada fascinada vuela por momentos desde el nivel del suelo donde estamos hasta su altura máxima de 80 metros para contemplarla, pero ahí no acaba todo porque con la mirada todavía hacia el cielo vemos la cúpula, simplemente perfecta de Brunelleschi, que fue capaz de conseguir que una estructura octogonal de piedra, ladrillo y mármol, consiguiera tenerse en pie, gracias a una técnica propia usada por primera que consistía en un remate de perfil apuntado y a una doble cúpula (interna y externa) que eliminaba las tensiones y los esfuerzos a los que se veía sometida, y todo esto sin ningún tipo de refuerzo que pudiera actuar como sujeción o sostén. Es el punto más alto de Florencia, y su color rojizo deslumbra desde cualquier mirador que permita su visión. Los más de ciento cinco metros de la cúpula del Duomo representa la máxima exaltación del sentimiento colectivo de la comunidad religiosa de entonces. En el interior de la catedral gótica lo más destacable son los frescos de Vasari. Lorenzo Ghiberti, que optó a la realización de la cúpula de Brunelleschi por concurso, hizo una de las puertas del Baptisterio, que está en frente de la catedral , la llamada puerta de bronce o puerta del paraíso (llamada así por Miguel Ángel, por ser tal su belleza), la actual que no es la verdadera, se encuentra en un museo italiano, representa escenas del evangelio. Los colores verdes, blanco y rojo del mármol de la catedral , la identifican y la diferencian fácilmente de cualquier otro monumento del mundo.Entre el Palazzo Veccio y el Duomo podemos optar por pasar por el museo Bargello, un precioso palacio almenado del siglo XII en el que se sitúa, sin duda alguna, la mejor exposición de esculturas del mundo. Simplemente la colección de Donatellos (San Jorge y David, entre otras) ya merecen tal nombre, algún Miguel Ángel (Bruto y Baco, Ebrio, cómo si no) terminan de encumbrar la obra escultórica. Para pasar de la planta baja a la primera donde está el David de Donatello es necesario, afortunadamente pasar por un patio al aire libre que nos permite ver la arquitectura del palacio de Bargello, nos deberíamos sentar y apreciar al menos durante unos minutos tal belleza representada en las soberbias escalinatas de piedra y el resto del balcón y la balaustrada, por si solo el palacio ya merece una visita, El David es simplemente un milagro de color negro en mármol, con unos rizos y un tono muscular que momifican al espectador y le dan a la escultura una identidad propia y un reconocimiento universal. La esbeltez y el movimiento al que induce la figura producen en el espectador una fascinación que sólo es reconocible en el propio movimiento de un ser superior vencedor de Goliat. El resto del museo es digno de ser visto, por lo general el museo Bargello es el gran desconocido de Florencia, y el visitante no lo introduce en su recorrido turístico, grave error si se dispone de tiempo para ello.El viajero, espectador de lujo del renacimiento, y de la capital mundial del arte, por algo Florencia reúne más del 10% del patrimonio artístico mundial de la UNESCO, otro 30% recae sobre lo que queda de Italia y el resto se lo reparte el mundo, se siente abstraido con cada detalle, con cada palacio, con cada obra, con cada imagen. Sintiendo la belleza del arte como en ninguna otra ciudad podría apreciarlo. La Firenze de los florentinos se divide en plazas, donde se ubican todas estas maravillas, y en donde es mas fácilmente apreciar con tranquilidad, por que Florencia es una ciudad tranquila y peatonal, y que exige al viajero esa tranquilidad para ser vista y desnudada hasta el más mínimo detalle; poco a poco y metro a metro se ve y se aprecia toda su belleza en toda su magnitud, y cuando el espectador, porque el viajero en Florencia siempre es un espectador, por este orden, ve, mira y admira un palacio o una obra de arte es para sorprenderse y para encontrar una belleza siempre mejor que la anterior, independientemente del orden en que estas sean vistas y apreciadas.Del Duomo se puede llegar a la Plaza de San Lorenzo por dos caminos, en esta plaza, generalmente hay un mercado que llena de vecindad de algarabía y bullicio. La iglesia de San Lorenzo capitaliza la mirada del atento viajero, su inacabada fachada, inconclusa por Miguel Ángel, la hace más curiosa al espectador, la capilla de esta iglesia tiene la potestad de ser la iglesia de la familia Medici. En su interior hay mucha sobriedad, no encontramos un lujo y una belleza insultante pero apreciamos la perfecta armonía y el equilibrio de sus formas geométricas, todas ellas capitalizadas por el cuadrado y círculo. Pegado, o mejor dicho adosado a la iglesia se encuentran las capillas y cúpulas mediceas, cuya forma esférica seduce la visión de un espectador confuso que busca el punto de encuentro de las capillas, la fachada que no existe y de las cúpulas. Muy cerquita de San Lorenzo se encuentra Santa María de Novella, donde además de su iglesia está la estación de trenes, otro forma de viajar hasta Florencia desde Pisa, sobre todo si el viajero ha optado por el avión a Pisa como medio de transporte. Un poco mas alejado y acercándonos a la fortaleza de Basso, auténticos muros de de defensa, está la Plaza de San Marco que recoge la iglesia que da nombre a la plaza, y que tiene frescos de Fray Angélico.Cualquier plaza de Florencia recoge una iglesia digna de ser vista, y cualquiera de ellas no son templos sin más, sino que son auténticos museos de pintura que albergan obras o sepulcros de cualquier figura del renacimiento, y todas ellas atraen la mirada del cada vez mas atento, y a estas alturas del recorrido, extasiado, espectador de esta ciudad.En el camino que une estas dos últimas iglesias podemos para a ver el grandioso Palacio renacentista Medici-Riccardi, con sus enormes bloques de piedra, símbolo de la opulencia de esta ciudad bajo el gobierno de estas dinastías. Al encontrarse este palacio en una calle tan estrecha y no poder coger perspectiva el espectador para apreciar su belleza, este se encuentra debajo del palacio sin poder digerir de golpe tanta extensión y piedra. Una vez que dejamos la plaza de San Marco llegamos a la Galería de la Academia que recoge el símbolo de una ciudad, pocas veces una obra de arte capitaliza y reduce a si misma tal condición, y más si cabe, en una ciudad que puede presumir de tantas de ellas como es la Firenze de los florentinos. Estamos hablando del David de Miguel Ángel, triplicado a lo largo y ancho de Florencia (la plaza de la señoría a tamaño real, casi cuatro metros y medio y el mirador de San Miniato al Monte recogen, esta vez a tamaño reducido en bronce, las otras copias del David). Según entramos en la galería encontramos una serie de pinturas y una copia del rapto de las sabinas, para pasar con rapidez y premura, a otra sala contigua, donde sabemos que nos está esperando, esta vez no una copia, sino el auténtico; es un pasillo largo en cuyo otro extremo descansa la obra inmortal de Miguel Ángel, bajo el techo de una cúpula de relieve y de la luz que la ilumina y la destaca se sitúa una sala circular que recoge la estatua, pero antes, no debemos precipitarnos y debemos prestar la atención que se merecen las obras que la anteceden en los laterales de la sala-pasillo, que en ningún momento impiden la visión del David engrandecido. Sería un error fijarnos en la estatua del David antes de haber visto las anteriores ya que entonces no las prestaríamos la dedicación y el tiempo que se merecen, dejémosla para el final, como así lo dispone el ordenamiento geográfico del museo. Estas obras, incompletas, son los cuatro cautivos, la Piedad de Palestrina y el San Mateo de Miguel Ángel. Todas ellas están inacabadas, esculpidas en la piedra bruta, de la cual salen los cuerpos y las caras de todas estas figuras, sus gestos humanos de piedad y de humildad destacan sobre el fondo blanco de la piedra, el sentimiento de los rostros y la manos es lo que diferencia la piedra tallada de la que todavía no está elaborada. El esbozo de los cuerpos y los rostros intentan salir de la piedra que les aprisiona, simulando una esclavitud y una prisión real, que las da nombre. Y una vez apreciadas en su justa medida podemos internarnos en la sala capitular, donde podemos apreciar la tensión de sus músculos, la tirantez de sus tendones, la expresividad de su gesto, honda en mano. Es el libertador que ha rescatado a los prisioneros, porque el David es ante todo el símbolo de la libertad. Apreciándola a una distancia de cuatro o cinco metros el David se nos iguala a nuestra altura, y podemos mirarlo de frente, cara a cara, humano, pero según nos acercamos se hace enorme, se agiganta hasta la inmensidad de sus mas de cuatro soberbios metros de altura.Al salir de este museo, después de habernos recreado tanto tiempo como dicte nuestra motivación artística, deberíamos enfilar nuestro rumbo a la Plaza de la Santísima Annunziata, donde en primer lugar está su iglesia renacentista de interior barroco, girando la iglesia nos encontramos en el mismísimo centro de la Plaza, el lugar donde empezó todo lo que hemos visto. Aquí se inicio el Renacimiento, situándonos en frente del Hospicio de los Inocentes (Spedale degli Innocenti) la estatua de Brunelleschi resalta sobre el patio vacío de la plaza. Por este hospicio, que recogía y educaba huérfanos y enfermos, pasaron las mas insignes figuras del renacimiento, aquí aprendieron a entender al hombre, y para entender al hombre entraron en sus entrañas, tuvieron que comprender el funcionamiento del cuerpo humano, el corazón, las arterias y las venas, los músculos, los huesos. Los primeros estudios fueron realizados aquí con los cadáveres de los muertos. El conocimiento del hombre, de la estética y del universo nació en este hospicio, porque el renacimiento es ante todo un estudio de la ciencia del hombre, y para conocerle por fuera hay que entenderle por dentro. A ambos lados de la estatua de Brunelleschi y del hospicio se recreó a imagen y semejanza otros dos fachadas iguales del hospicio al mismo tamaño, de tal forma que el desorientado espectador se encuentra con tres fachadas exactamente iguales. Quizá, para un visitante algo quisquilloso y bastante purista este debería ser, y no otro, el inicio del viaje renacentista y gótico por Florencia, al fin y al cabo la concepción de belleza aplicada a la expresión artística, tal como hoy lo entendemos, nació aquí, gracias a las personas que Florencia homenajea, constantemente, en sus calles, palacios, monumentos e iglesiasNo deberíamos olvidarnos de la Plaza de la República y de sus calles, auténticos escaparates de la moda italiana, entre arcos y palacios, una parada para tomarnos un afamado helado italiano o un cremoso capuchino o una porción de pizza también sería una opción acertada para los paladares que lo degusten. Podremos apreciar en las esquinas de las calles más amplias como las motos se amontonan, Florencia es una ciudad peatonal y el tráfico rodado sufre muchos atascos que favorecen los medios de locomoción alternativos a las cuatro ruedas como son las motocicletas o las bicicletas, también son apreciables los minibuses.Al otro lado del Arno, nada mas cruzar el Ponte Veccio, se encuentra el Palacio más grande de Florencia, el Palacio Pitti de Brunelleschi que sirvió para hospedar a la familia Medici, cuando estos decidieron que sus palacios se quedaban pequeños, se une al Palacio Uffizzi a través de unos pasadizos subterráneos. Alberga la pinacoteca de la Galería Palatina (la mejor colección de Rafael, junto a Rubens, dos Madonnas de Murillo, Tiziano, Caravaggio, Veronés), los jardines de Boboli y las salas del Palacio donde estuvo Napoleón en su estancia en Florencia, junto a otros museos. Su arquitectura externa atrae por sus grandes losetas (de almohadilla) salientes, por su extraordinario tamaño y por su escalinata de piedra, su interior recoge más de XX salas con pinturas.En esta otra parte del río, mas desconocida, cerca del Palacio, hay otras dos iglesias (ambas apreciables desde el Ponte Veccio) de gran relevancia, el Santo Spirito, en la plaza que le da nombre del influyente renacentista Brunelleschi, como no; cuya fachada es bastante modesta pero cuyo interior es un museo (Verrocchio) de obras de arte, su planta recuerda a la de San Lorenzo, en proporciones y profundidad, su púlpito central llama sin duda la atención y la mirada aquellos que entran a la capilla; cerca se encuentra la iglesia de Santa María del Carmine, en la Plaza del Carmine. No muy lejos pero tampoco muy cerca del Palacio Pitti, por el camino opuesto que hemos tomado para ir a la iglesia del Santo Spirito podemos llegar hasta el Forte de Belverede, adyacente a los jardines de Boboli , ciertamente el retiro al que se ve sometido, respecto al centro histórico de la ciudad, hace de él que hasta los propios florentinos le olviden, es uno de los muros de la ciudad más antiguos.Y como despedida, la última mirada a Florencia, en taxi, en coche o en autobús subiendo por la vía Michelangelo llegamos a la colina de San Miniato al Monte, el mejor recuerdo para la última mirada a Florencia, al alba de una mañana de diciembre, retrata la ciudad tal y como es. No engaña, divisamos la cúpula del Duomo , sus colores verde y rojo, el punto más alto de Florencia, y sus torres, del Palacio Veccio y el Campanile. En esta última foto no nos pasará desapercibido el río Arno, flanqueado por seis puentes, entre ellos el Ponte Veccio, junto a Florencia. En esa misma plaza-mirador está la única iglesia románica de Florencia, San Miniato. Y como no, los florentinos, conocedores de que el viajero se despide aquí de Firenze, ha reproducido en mármol al David de Miguel Ángel, para expresar, una vez mas lo que significa el David de Miguel Ángel para ellos, mirando al Arno y a Florencia, majestuoso y un tanto orgulloso de su hazaña, ¿o no?. Cada uno que lo juzgue como lo ve.Continuando la carretera, y siguiendo con atención sus curvas podremos ver un paisaje lleno de ocres y verdes, cuya variedad le da un toque pintoresco al cuadro. Estos campos ya extramuros de Florencia en dirección a Roma, fueron filmados para la película “Una habitación con vistas”. Cerca queda la región de Chianti, muy rica en vinos de la Toscana, muy apreciados por los italianos.Sin duda alguna, cualquier otro espectador de esta ciudad descrita, al menos por mi, por la palabra belleza, podría hacer otro recorrido con otras paradas y otras visitas tan acertadas o más que las ya descritas, cada viajero ve la ciudad con sus propios ojos, tiene sus propios recuerdos y encuentra por puro azar lugares y calles que le incitan a ser recorridos, así, sin más que la osadía y la ignorancia que da el ser un recién llegado con ánimo de ver y conocer una parte del mundo. Podría hablar de una sinagoga que no he visto o de palacios o museos a los que no he entrado pero describir lo que no he tenido el enorme placer de admirar me parece imposible. Jorge Jarillonumanjorge@yahoo.es

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