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Relato de viaje a Valle de Boí - Cóll, dueña del reloj de arena

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Enviado por: Dunia (919 lecturas)

La población de Cóll se alza a 1.271 metros de altura sobre el Valle de Boí, en el año 2001 tenía empadronados a 28 habitantes y actualmente ha alcanzado la cifra de 35. Esto da una idea de la calma y el sosiego que se respira en esta recoleta población. La Iglesia Parroquial de l’Assumpció de Cóll construida entre los siglos XI y XII se encuentra en las afueras, pero aquí esta palabra adquiere un nuevo significado de reducidas dimensiones. Un estrecho sendero, hecho me imagino por antiguos agricultores y algún antepasado de la población actual, nos aleja de la parte más parecida al centro urbano. 

Bordeando el camino, unas flores amarillas muy olorosas invaden el ambiente con una fragancia penetrante entre curry y Oporto añejo, se trata de matas de elicriso. En época romana era utilizada hervida con vino, para facilitar la micción y para luchar contra los nervios. Quizás por eso las afueras de Cóll quedan “lejanas” porque el tiempo se ralentiza, a medida que respiramos esta hierba balsámica. En época medieval las doncellas hacían guirnaldas y envolvían sus vestimentas para protegerlas de la polilla, otra manera de luchar contra el paso del tiempo. Y así, llegamos hasta la puerta que nos separa de la Iglesia Parroquial de l’Assumpció de Cóll, a un lado en un terreno donde crece una alfombra de verde hierba, se encuentra el cementerio. Las cruces de piedra se mezclan con otras de hierro forjado y las fechas se entremezclan con los nombres de una misma familia y el camposanto se convierte en un árbol genealógico eterno. 

Alzando la vista, se descubre el robusto campanario, una torre de planta cuadrada de dos pisos de altura aproximadamente y de estilo gótico, con una diminuta campanilla en el tejado. Traspasar la puerta del templo no es cosa fácil, ya no podemos culpar al pobre elicriso de tanta lentitud, si no de la maravillosa puerta que tenemos delante. Como en otras iglesias del valle custodiando la entrada a la iglesia, encontramos un espectacular cerrojo medieval, montado en hierro forjado y acabado en forma de cabeza de animal, quizás una res, un pequeño buey en memoria del antiguo Vallis Bovinus. Si la contemplación del cerrojo nos deja levantar la cabeza, veremos la totalidad de la portada, decorada con un doble juego de columnas y capiteles, esculpidos unos por un friso ajedrezado y otros por capiteles adornados con motivos vegetales y animales monstruosos que presentan una feroz batalla entre hombres y bestias. En lo alto de la puerta destaca el bajorrelieve de un crismón; el símbolo de Jesucristo formado por la cruz y el monograma de Cristo, compuesto de las dos primeras letras entrelazadas de este nombre en griego (Xrestos ) X (ji) y la P (rho) con un precioso marco muy trabajado en forma de cenefa y en las esquinas, relieves escultóricos de palomas y figuras antropomorfas.

  En el interior de la iglesia, de una sola nave cubierta con bóveda de cañón, se conservan todavía tres pilas románicas: una pila bautismal, una pila utilizada para la agua bendita y otra pila para el aceite. A ambos lados de la entrada delicados altares de madera acogen estatuas de diversas épocas y estilos. El Altar Mayor austero y rudo, se sitúa nunca mejor dicho, en bloque, con el único adorno de un Cristo crucificado de madera. En la parte superior externa de todo el edificio, la decoración escultórica se basa en arcos ciegos que resiguen la parte superior de todo el perímetro del edificio. Y con esa sinuosidad abandonamos esta joya del arte románico. 

Cóll, dueña del reloj de arena
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La Iglesia Parroquial de l¿Assumpció de Cóll
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