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Relato de viaje a Ronda - RONDA, TIERRA DE BANDIDOS Y TOREROS.

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Enviado por: babydoll (3447 lecturas)

Encrucijada de caminos que desembocan en la misma África y al abrigo de una serranía inexpugnable, Ronda cobijó a contrabandistas venidos desde Gibraltar que renegaron de toda ley (humana o divina) para echarse a los montes como bandoleros.  Últimos románticos de otros tiempos que campaban a sus anchas por caminos y veredas, a lomos de un jamelgo y con el trabuco bien pegado al corazón, por si era el caso. Pero Ronda es mucho más que eso. Tierra bañada de sangre morisca, tiene la tragedia tachonada en sus laderas. Cuna de la tauromaquia romántica y vivero de toreros, en Ronda aún late la apostura y la valentía, marca y seña que enamoró a ilustres como Richard Ford, Orson Welles o Ernest Hemingway. Su plaza de toros (dicen) es la más bella de España y todos los meses de septiembre se engalana como lo hiciera en el siglo XVIII en sus Corridas Goyescas.

Sobrevolados los mitos, la ciudad de Ronda  se desviste pudorosa para mostrar al viajero el encanto de sus construcciones sobre tajos, palacios nobiliarios, puentes levantados sobre el abismo, cicatrices de historia en cavernas, ríos subterráneos y naturaleza indómita, pura naturaleza.Alguien dijo de Ronda alguna vez… “encumbrada ciudad a la que las nubes sirven de turbante”. Hace un día soleado, aunque avanza el otoño, el calor no termina de abandonarnos, el sol nos sigue fiel cual amigo viajero, espectador de nuestras ilusiones. Atravesamos campiñas que nos anuncian un terreno agrícola de mesetas y planicies trigueras, donde el paisaje no cansa nuestros ojos intrépidos y los cerros se elevan cual islas en la lejanía coronadas por castillos baluartes de otras guerras. Después de 2 horas conduciendo, alcanzamos Campillos, una villa de origen medieval de trazado geométrico y ordenado. Nos detenemos unos minutos escasos en los que refrescarnos un poco y estirar los músculos entumecidos por el viaje. Pero Ronda nos espera.

La “ciudad soñada” de los poetas. Su nombre talismán despierta nuestra vocación de caminantes y enfilamos el rumbo hasta sus ojos de magia. Por una carretera cruel que ondula estos campos fronterizos de leyenda transitamos, absortos en los paisajes y en las pocas gentes que nos cruzamos…

Y de repente…………. Ronda. La ciudad nos sale al encuentro, sin previo aviso, nos muestra palpitante su corazón de romántica y señora por mitades. La primera impresión nos desborda…

Hace gala y honor y cumple todas y cada una de sus promesas de “ciudad quimera”, forjada a la grupa de caballos de bandoleros y en el arte del toro que no hinca la rodilla cuando el estoque lo enarbola un hombre sin miedo. Conducimos por intuición, por calles que descienden como por inercia hasta la alameda, la famosa Alameda del Tajo. Situada al inicio de la calle Virgen de la Paz, esta frondosa arboleda del siglo XIX es un remanso de paz y tranquilidad donde refugiarse en tardes de verano. Pero lo que el viajero desconoce es que hunde sus raíces en la dura piedra, paseándonos al filo del tajo, temeraria por altanera. Asomar el alma a estos precipicios desata la imaginación ante la panorámica del valle y las montañas que se nos regalan, pero también encienden una inquietud en el alma. Ronda es despiadada. A Ronda sólo la habitan fantasmas, niñas tiernas que el desespero las lanzó abismos abajo… y la cuenta no acaba. Caminamos calle abajo, por intuición nada más, siguiendo la riada de gentes que mueren por poseerla…

Sigue leyendo :

Hércules en la Plaza del Socorro.
Plaza de Toros.
El Puente Nuevo sobre el Tajo.
Atardecer en Ronda.
Barrio del "mercadillo".
La Mina.
El río surca la garganta de piedra.
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Baños Árabes.
Iglesia Santa María la Mayor.
Palacio de Mondragón.
Techos del Palacio de Mondragón.
Patio del Palacio de Mondragón.
Palacio de Mondragón.
Iglesia de la Merced.
El Tajo desde el otro lado.
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