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Relato de viaje a Potes - Volver a Picos

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Enviado por: cortomaltes (1679 lecturas)

Debe de hacer aproximadamente unos quince años, que estuve por primera vez en los Picos de Europa. Aquella vez hice una travesía que me llevo desde Fuente Dé a Bulnes, de sur a norte, parándome a dormir en el refugio Delgado Ubeda, a los pies del mítico Picu Urriellu, más conocido por Naranjo de Bulnes.

Ahora me encuentro otra vez en este magnífico paraje en una pensión del tranquilo pueblo de Espinama. Después de desayunar nos dirigimos a la plaza del pueblo donde hoy se hace una mini travesía circular de unas cuatro horas, pasando por el pequeño pueblo de Pido y lo hayedos de Ilces. Un recorrido muy interesante donde vamos guiados por un guarda forestal del parque. Durante la época de verano estos guías realizan más de veinte salidas desde diferentes puntos de la zona, distancias, tiempos y dificultades. Aunque el tiempo no nos ha acompañado demasiado, y la previsión para los próximos días no es muy alentadora, ha sido genial, ya no solo por la información de la zona, sino que nos ha servido para poder coger un poco la forma de cara a las próximas jornadas.

A la mañana siguiente lo primero que hacemos nada más poner los pies en el suelo, es mirar por la ventana, JODER !!!, esta tapadísimo. Solución, cogemos el coche y nos vamos hacia la cara norte, al Desfiladero del Cares. Paramos en Panes a desayunar, aquí luce el sol, quizá tengamos un poco de suerte. Unos kilómetros más allá llegamos a Poncebos, GENIAL !!!, aquí el sol es espectacular, que más podríamos pedir, bueno nosotros y las dos mil personas que deben de haber en estos momentos con la misma idea de ir por el Cares.

Nos ponemos a caminar. Al principio son unos dos kilómetros de subida que teniendo en cuenta que empiezas frío se nos hace un poco dura. El resto del camino, diez kilómetros más, se va alternando entre bajadas y subidas no muy pronunciadas; y cuando estas más o menos a unos cuatro kilómetros de Caín, es cuando según mi opinión, empieza la parte más interesante del recorrido. Poco a poco van apareciendo una serie de túneles y puentes que te van llevando de un lado a otro del río hasta llegar al pueblo. En este punto mucha gente decide que ya tiene bastante. De hecho antes de llegar a Caín, me encuentro con un pequeño grupo que viene en sentido contrario al mío, donde una señora mayor, de unos sesenta años, comenta “…tres horas de ir y tres de volver, pero es que nos hemos vuelto locos o que…”. Quizá si que a los que nos gusta hacer montaña estamos un poco locos, pero la verdad es que yo me lo pasó muy bien.
Hay gente, del todo respetable ya que cada unos es libre de hacer lo que quiera, que llegan a Caín en coche, hacen el recorrido de los túneles y puentes, dan media vuelta y se van a comer a cualquiera de los restaurantes que hay. Nosotros comeremos cuatro galletas, beberemos un poco de líquido, volveremos al camino y otros doce kilómetros de vuelta, puentes, túneles, bajadas, subidas, sol, mucho sol, gente, mucha gente, más sol, PERO CUANTA GENTE QUE HAY!!!, de hecho hay tramos del recorrido en que el ancho debe de ser un metro y una posible caída puede ser crucial, pero eso si, la gente no se aparta, y aún se extrañan de que los quieras rodear.
Después de tanto andar vamos a por el coche, volvemos a Espinama, y un poco más tarde nos encontramos cara a cara delante de una botella de sidra y un chuletón increíble.

Último día en Picos, en teoría hoy el tiempo será malo, pero de momento se queda en teoría ya que hace bastante sol. Nos dirigimos hacia el cable (así es como denominan al teleférico) de Fuente Dé. Una vez arriba, rodeamos el edificio en la parte superior de la montaña y lo que vemos es espectacular. Comenzamos a dirigirnos por la pista y al fondo intuimos nuestra meta, los Horcados Rojos. Por el camino vamos pasando y viendo lugares con nombres bastante singulares, La Colladina, Peñas de Hachero, Horcadina de Covarrobres, Peña Olvidada, La Vueltona, Peña Vieja, Collado de la Canalona, Aguja Bustamante, Picos de Santa Ana, Refugio de la Cabaña Verónica, que por cierto, no hace mucho que murió Mariano, el guarda que durante más de treinta años ha sido el encargado de vigilarlo.

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