PRIMER SOL DE ESPAÑA Por fin, me decido a hablarles de la isla de Menorca, que por su posición al oriente de la península Ibérica, efectivamente recibe el primer rayo solar de España, hecho en sí, que obviamente no es ningún mérito, pero que la sitúa en el mapa y unido a que cuenta con el enorme puerto natural de Maó (5 Kms. de largo y es el segundo mayor del Mediterráneo) la han hecho muy apetecible por las potencias marinas a través de la historia.
Pretendo mostrarles, siempre bajo mi particular punto de vista, algunos aspectos que a un viajero vacacional u ocasional, probablemente sorprenderán.
Si ojean cualquier folleto turístico de la isla, le hablarán de sus divinas calas, sus más de cien playas, su agua cristalina, su marcada carga ecológica y otros mil encantos, que efectivamente a la isla le sobran, pero que abordaré mas adelante,,, yo prefiero mostrarles ahora algo de “mi” Menorca.
De entrada, decirles que Menorca es una isla “dura”. Dura, por su geografía... rocosa, con zonas de acantilados estremecedores en los que la fuerza del mar impulsada por la “tramontana” se estrella con ímpetu ensordecedor... y también por sus “esbufadors” (raras cuevas marinas con respiradero o chimenea superior natural) En estas, con mar propicio, sale el agua presionada por las olas, hecha vapor, cual resoplar de un mítico y gigantesco dragón. Subirse con precaución e imaginativamente, cabalgar, en estos inestables, perturbantes y temblorosos riscos, empatizando con la naturaleza desbocada, son ideales para soltar la carga emotiva acumulada.
Mi “esbufador” es conocido de muy pocos y prácticamente solo es posible encontrarlo desde tierra, en estos muy contados días, con el mar en calma es ilocalizable. Por otro lado, la paz tri-milenaria de sus “Taulas” o “Talayots” megalíticos, contrastando con la furia del mar, también pueden ser balsámicos para estabilizar un estado de ánimo estresado. La piedra se prodiga y se manifiesta en sus monumentos megalíticos, sus paredes “secas”, sus caminos y montes. Sin embargo, sorprendentemente sus casas, mayoritariamente están hechas de Marés, piedra caliza de la era miocénica y que oscila en una dureza grande hasta la que es fácilmente cortada con una simple sierra. Tiene la propiedad que no se dilata y confiere a las casas frescura en verano y retiene el calor en invierno.
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