Hace muchos, muchos años, casi 6 siglos, en la provincia de Cuenca, en la localidad de Belmonte, se edificó una gran fortaleza que hoy en día continua allí arriba, en la cima de un monte llamado Cerro de San Cristóbal. Está allí, coronando el pueblo y guardándolo de ataques a lo largo de los años. El castillo de Belmonte forma parte de la historia de España y entre sus muros guarda celosamente, secretos, intrigas y leyendas de sus moradores a lo largo de los años. El nombre del pueblo y del castillo tiene su origen en la belleza del lugar. Fue mandado construir por Don Juan Pacheco, primer marques de Villena, en el siglo XV, las obras duraron casi veinte años. El castillo ha pertenecido a la misma familia desde sus orígenes, pero en él han vivido varios personajes ilustres.
Uno de sus ilustres habitantes fue el infante Don Juan Manuel, señor de Villena, perteneciente a la alta nobleza castellana y gran escritor medieval. Se dice que entre sus pareces escriibió su obra “El Conde Lucanor”.
Otra noble habitante del castillo fue Doña Juana de Trastámara, hija del rey Enrique IV de castilla y de Doña Juana de Portugal. Las malas lenguas de la época, partidarias de que la corona pasara a la hermana del rey, Doña Isabel, en lugar de a su hija, hicieron creer que Doña Juana no era hija del rey sino de una infidelidad de la reina con uno de los hombres de la corte, llamado Don Beltrán de la Cueva, por lo que se la apodó Juana la Beltraneja. Una parte de la vida de Doña Juana estuvo ligada al castillo y se dice que entre sus muros se se urdió la trama para evitar que llegara a ser reina de Castilla.
Otro ilustre residente del lugar fue Fray Luis de León, poeta y religioso español del siglo XVI, nacido en Belmonte.
Pero sin duda, la habitante más importante del castillo fue Doña Eugenia de Montijo, condesa de Teba y convertida en emperatriz de Francia al casarse con el emperador Napoleón III. Eugenia era descendiente de don Juan Pacheco y heredó el castillo. La emperatriz se enamoró del lugar, lo convirtió en su residencia y fue la persona que más hizo por mantenerlo en pie y en perfectas condiciones.
Durante varias guerras el castillo sufrió ataques y en ocasiones fue deteriorado a consecuencia de las luchas. La emperatriz Eugenia decidió restaurar el castillo y convertirlo en un gran palacio donde residió durante muchos años. Lo convirtió en un lugar lleno de lujo y de encanto. Para hacerlo, la emperatriz contrató al arquitecto Sureda, seguidor de un gran maestro Francés, por lo que en la actualidad el castillo cuenta con influencia francesa en algunas zonas del interior y de los patios, sin embargo la mayor parte del castillo conserva su estilo original, un estilo gotico-mudejar.
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