El pasado medieval de la ciudad de Burgos está presente en cada esquina de la ciudad amurallada. El amanecer en este páramo del norte de España es gélido en estas épocas del año y al atravesar el río Arlazón y caminando por el paseo del Espolón uno accede a ese corazón medieval a través del arco de Santa María.
Al atravesarlo tenemos nuestra primera imagen de la Catedral . Majestuosa pieza gótica que sobresale sobre el resto de monumentos. Me pregunto lo que pensaría la gente del medievo al ver semejante edificación y también me imagino a los peregrinos de la época haciendo escala en su camino hacia Santiago. Y es que la historia de Burgos está ineludiblemente ligada al Camino de Santiago y la ciudad ha sido y sigue siendo un cruce de caminos de peregrinos. Dejando la Catedral a nuestra derecha podemos callejear por las antiguas juderías hasta llegar a la Iglesia de Santa Ageda y hacer un alto en el camino.
Volviendo sobre nuestros pasos y retrocediendo de nuevo hasta la catedral nos metemos de lleno la parte de vieja de la ciudad pasando por la Plaza Mayor y dejándonos impresionar por las bonitas fachadas y todo el ambiente de la plaza. En todas las calles del centro las tascas y bares rebosan de gente que aprovechan para tomarse unas tapas acompañadas de los excelentes vinos de la región. A la hora de comer y a la cenar a veces es tarea difícil encontrar un hueco para unirse a los burgaleses en esta santa tradición del tapeo. En dos días en Burgos uno tiempo a recorrer a pie y con calma el caso antiguo de la ciudad y a saborear todo lo que Burgos tiene que ofrecer.

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