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Relato de viaje a Bilbao - Bilbao, mucho más que el Guggenheim

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Enviado por: somosnomadas (4564 lecturas)

Conseguimos unos días libres en Semana Santa en los que coincidimos los dos y decidimos escaparnos a algún sitio. Como sólo son tres días y con los precios a los que se ponen los vuelos en estas fechas, optamos por hacer una escapadilla por España y lo hacemos a Bilbao, una ciudad que nunca hemos visitado. Aunque en principio el único objetivo del viaje era visitar el Guggenheim y conocer algo la capital vizcaína, gracias a la ayuda de nuestra amiga viajera Marta, una bilbaína muy simpática que conocí a través del blog, podemos conocer algo más tanto de la costa vizcaína como guipuzcoana, y es que Marta nos diseña un fin de semana intenso pero completísimo, vamos, a la medida de dos “nervios” como nosotros. Así que un lluvioso viernes de abril echamos un par de maletas pequeñas al maletero del coche y ponemos rumbo al norte.

viernes 22 de abril: LLEGAMOS A Bilbao Y NOS ENCONTRAMOS CON UN CHULETÓN DE 800 GRS. ¡ESO ES UN BUEN COMIENZO!

Son las 7 de la mañana y suena el despertador en la habitación. En cuestión de minutos ya estamos preparados para salir pitando para Bilbao, y es que en el plan de viaje que nos ha diseñado Marta, debemos llegar a comer a Bilbao a un Txacolí que nos ha recomendado. Un Txacolí, además de ser el famoso vino blanco producido sobre todo en Euskadi, es un restaurante tipo asador muy típico en Vizcaya y donde más tarde comprobaríamos que se come de vicio. Es Viernes Santo, por lo que esperamos que el resto del mundo se encuentre bien en su lugar de vacaciones o en su casa descansando de ver procesiones, vamos, que no entra en nuestros planes encontrarnos mucho tráfico en la carretera. Con ese propósito salimos de Benicassim, dejando atrás una persistente lluvia y cogemos la A-23 dirección Zaragoza. En la circunvalación de la capital de Mañolandia nos incorporamos a la AP-68, autopista (de peaje) que no dejaríamos hasta Bilbao. Un total de 650 kms. separan nuestra casa de “Bilbo”, como es conocida en euskera. Hay que decir que el viaje no lo hacemos de un tirón (que sería una palicilla), puesto que a eso de las 9 de la mañana nos estamos metiendo entre pecho y espalda un bocata de tortilla de jamón que quita el sentío. Lo hacemos en la Venta del Aire, término municipal de Albentosa (Teruel), por lo que damos fe de que Teruel existe y su jamón también.

Una vez en los extrarradios de la capital vizcaína nos disponemos a buscar el hotel donde hemos reservado y que está en lo más alto del monte Artxanda. Para ello seguimos los consejos del utilísimo navegador de mi teléfono, que aunque cutrecillo, de más de un apuro nos ha sacado. Aún recuerdo aquella tarde de un domingo de enero cuando estábamos en Florencia y disponíamos del tiempo justo para conducir hasta Bolonia, pasar por el hotel a recoger las cosas y llegar al aeropuerto de esta ciudad para coger un avión de regreso a casa, con el agravante de que íbamos dos coches y que en cualquier momento podía perder al coche de atrás. Si no llega a ser por el navegador, creo que aún estamos dando vueltas por aquellas carreteras. En fin, que a la hora que más o menos habíamos calculado, llegamos al Alba Hotel Golf, un modernísimo hotel de 4* que había reservado a través de booking por 60 euros la habitación doble. El hotel está genial, aunque quizá sea demasiado minimalista, creemos que le falta algo de calidez, pero bueno, el “super-diseño” es lo que tiene. Ni que decir tiene que para alojarse en este hotel hay que ir con vehículo propio, porque está bastante retirado del centro de la ciudad y por allí no vimos ni una parada de bus. En unos minutos hacemos el check-in y ponemos en el navegador la dirección del Txacolí Simón, el lugar donde nos habían recomendado comer ese día.

Yo ya había llamado desde casa un par de días antes para reservar mesa pero estaba todo completo. Pero que los deseosos de probar su excelente chuletón no desesperen, porque este sitio dispone de una campa en el exterior llena de mesas donde no es difícil encontrar sitio. En pocos minutos nos estábamos metiendo para el cuerpo un chuletón de 800 grs. con patatas fritas que estaba de vicio, aún sueño con él, jejeje. Después de comer pusimos rumbo a la costa parando primero en un mirador que hay en el mismo monte Artxanda y desde donde se disfruta de una magnífica vista de la ciudad.

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