Mañana se cumple un mes desde mi llegada a Berlín. En la Isla de Peter Pan se puede soñar sin tener que dormir, y uno vuela entre sus amplias avenidas y sus rincones más discernidos. El cielo esta nublado y deja de hacer frío, cuando aparece claro el sol, bajan de golpe los grados.
Te abren de par en par las puertas sus habitantes, y te muestran su respeto por quien eres. No preguntan nacionalidad, profesión ni religión, eres uno mas de entre ellos y ahora lo sabes. Los coches son las bicicletas, y las carreteras las aceras, los guantes son zapatos para las manos, y casas okupas con chimeneas, donde compartes desde la leña hasta la cerveza.
Kreuzberg es un pueblo medieval, donde en el centro de Berlin se inspira tranquilidad. La gente vive en una tarde de domingo de sol en el Retiro. A las cinco se apaga la luz, y luciernagas se abren paso por las calles oscuras, tu bajas al subterráneo para reunirte con tus hermanos, y a cualquier hora el metro es un barco que te lleva navegando hasta otro lado.
El respeto y las amabilidad van de la mano , y las cosas están siempre en su sitio, la basura por separado. Cambio el ticket de una botella de plástico en un supermercado, y cenas falafel para dos, por 4 euros y con amor, en Kottbusser Tor.
La luna esta hoy llena, en el día de todos los santos, voy a pasear por el Tiergarten en mi bici, mientras quiero recordaros. Aquí os espero a los demás, en, Berlin en invierno, Berlin en verano.

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