Una buena propuesta si os gusta caminar por la ciudad es seguir las huellas de uno de los símbolos no solo de la ciudad de la Berlín sino de toda una época, el antiguo muro que separaba el este y el oeste. Este muro de la vergüenza dividió la ciudad desde 1961 hasta 1989 y dejó una huella imborrable en todos sus habitantes.
El paseo se inicia en Checkpoint Charlie , el antiguo paso que dividía el sector soviético y el estadounidense y uno de esos míticos escenarios de la guerra fría sobre el que tanto hemos leído y que tanto ha salido en películas. Aunque tanto la caseta como los guardias que están a la caza de la foto del turista son lo han convertido ya en otra atracción, no deja de ser algo muy interesante pensar en lo que este punto ha significado durante décadas y para muchas generaciones, todo un punto que separaba ideologías contrapuestas.
Hay que continuar por Zimmerstrasse y cruzar hasta Niederkirchnerstrasse donde vemos casi 200 metros del antiguo muro. El edificio con el nos cruzamos es ni más ni menos que el antiguo ministerio del aire de la época Nazi y que ahora alberga el ministerio de finanzas. Los restos del muro son toda una reliquia y más bien una excepción. Con la caída del muro en 1989 se fue desintegrando entre los últimos golpes de rabia de una sociedad castigada a la que luego se unieron los caza reliquias que quería llevarse a su casa una parte de la historia del siglo XX. Junto al muro también se encuentra la Topograhie des terrors.
Antes de llegar a la remodelada Potsdamer Platz podemos visitar una antigua torre de vigilancia y revivir algunos de los momento más trágicos de era comunista. Dicen que la Potsdamer Platz era antes de 1989 un lugar desolado, una especie de tierra de nadie que recordaba a todo el mundo que Berlín estaba dividido. En la actualidad es una zona moderna, con edificios de última generación y con un vibrante futuro que hace que las nuevas generaciones olviden lo que en su día fue Berlín.
Siguiendo la ruta nos acercamos a Tiergarten y muy cerca nos tenemos que detener ante el monumento en memoria a los judíos asesinados en la segunda guerra mundial. Al principio no llama mucho la atención pero en su laberinto interior uno tiene esa sensación de no saber cómo salir de una situación límite. El final de este paseo puede ser la Puerta de Brandeburgo y la visita al Reichstag.

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