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Relato de viaje a Sydney - Australia, las antípodas en mi corazón.

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Enviado por: pana36 (2412 lecturas)

Australia, la mayor isla del mundo y el continente más pequeño, siempre había despertado mi fascinación desde que empecé a viajar. Sabía que tarde o temprano iría y en septiembre del 2003 puse rumbo a este destino deseado por mi imaginación. Su lejanía, sus increíbles paisajes, sus aborígenes, su estilo de vida, su ínfima densidad de población, su fauna y sobretodo sus gentes, con un espíritu pionero encomiable, representaban para mí un polo de atracción suficiente para pasarme más de un día entre aviones y aeropuertos.

Finalmente llegué a Sidney el día 10 de septiembre, una ciudad atractiva con la Opera House como telón de fondo. Aún cuando no me gustan las ciudades, no me importaría elegir Sidney para vivir pues tiene un clima apetecible, las playas y parques se encuentran al alcance de la mano, sus habitantes son atentos y no se tiene sensación de agobio. Mi recorrido seguiría por Brisbane, Cairns, Alice Springs, Melbourne y regreso a Sidney como ciudades destacadas.

Este era mi esquema de viaje pero sin ataduras. Si me encontraba a gusto dondequiera, pues el siguiente destino esperaría. Soy viajero, no turista. Las fotografías me importan poco o casi nada mientras que estar de buenas ondas y tener sensaciones para mí son la esencia del viaje en mayúsculas.

Cuatro días después estoy en Brisbane, la capital de Queensland, una ciudad que está creciendo a ritmo frenético. No me gusta lo que Sidney, así que rápidamente parto en bus a Noosa, en plena sunshine coast australiana. En el bus conozco a Gail, una mujer australiana de unos 50 años que refleja mi Australia pionera. Conversamos hasta llegar a Noosa, dónde ahora vive junto a su marido desde que hace unos años dejaran de habitar en una isla desierta. Con la edad, me cuenta, no se podían arriesgar a vivir como antes, sin los servicios médicos al alcance de la mano. Me invita a pasar mis días en Noosa en su casa y sin más acepto, sólo faltaría.

Noosa es genial. Tiene un clima envidiable todo el año, tiendas, excelentes restaurantes, un Parque Nacional accesible andando con los Koalas de espectadores y playas, magníficas playas para aprender a surfear. Y tomar el sol. Y además Gail y su marido, que viven de renta por la venta de su isla me guían. Una lotería. Si le añadimos que los entornos son también espectaculares, con Fraser Island y Hervey Bay, dan ganas de quedarse aquí. Demasiadas. No me extraña que ellos encontraran en Noosa lo más parecido a su islita ya que destila hedonismo por los cuatro lados.

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