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Relato de viaje a Chiang Mai - los cuadros que no pinté en Pai, Thailandia

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Enviado por: kunstbert (2051 lecturas)

 Había tardado 12 años en hacer realidad mi deseo de visitar Thailandia; Me lo había propuesto la primera vez que había reunido la cantidad suficiente de dinero para el viaje, pero entonces me había faltado algo para conseguir llevarlo a cabo: no había tenido el estímulo de una razón. En aquella ocasión una pareja de amigos míos habían ido con un dinero ahorrado y habían montado un restaurante en una de las islas consiguiendo vivir allí durante tres años. Yo no quería hacer el viaje tan solo para gastar en una semana el dinero que tanto me había costado conseguir durante 8 meses haciendo de camarero. Quería tratar de sobrevivir allí con mi trabajo, así que desconociendo el idioma, incluido el inglés, tan solo se me ocurría intentar pintar cuadros para lograrlo. El planteamiento no era del todo ingenuo ya que en Barcelona ya había trabajado durante 8 años de dibujante de cómics, pero pintar cuadros era algo que todavía no había hecho, y hasta que no lograra hacerlo bien en mi país no me atrevía a intentarlo en otro lugar tan lejano. 

   Madurar esa idea me llevaría ocho años de la vida, pero al fin lograría dibujar algo que me permitía más o menos vivir; Me había convertido en un retratista de la calle. En Barcelona "La Rambla" era un buen lugar para trabajar pintando, pero al fín y al cabo no dejaba de ser "la calle", con todos sus inconvenientes y una acusada inestabilidad. Definitivamente, el viaje a Thailandia se me ofrecía como una oportunidad irrenunciable de investigar por un tiempo indefinido otras vertientes del arte que me pudieran algún día ofrecer un futuro mejor, a juzgar por lo ecónomico que suponía para un occidental vivir allí. 

    El viaje había empezado en la India, aprovechando la presencia allí de un amigo y compañero caricaturista de la Rambla que cada año acostumbraba a pasar 6 meses deambulando entre meditaciones por ese país. Él me introdujo en el ritmo de vida mochilero y un mes más tarde ya me encontraba como pez en el agua pintando cuadros y viajando por mi cuenta en Bangkok. Había logrado desde el inicio de mi viaje pintar por donde pasaba; Lo había hecho en Delhi, en Venarés, en el norte de la India, y lo estaba haciendo en Bangkok y en Chiang Mai. Mientras pudiera pintar, el viaje estaba justificado, y con cada cuadro que hacía descubría cosas nuevas que redefinían mi técnica. Evolucionaba y a mi paso por cada ciudad visitaba cuantas galerías podía. Conocía artistras locales e intercambiaba experiencias con todo tipo de personajes viajeros o residentes: músicos, artistas, artesanos, joyeros o comerciantes.

    Durante todo ese tiempo no cesé de escuchar el nombre de un lugar en Thailandia. Se lo oí decir a un mochillero en el norte de la India; Hablaba de Pai como un apacible lugar con un encanto especial. Ya en Bangkok conocí a una Thailandesa acomodada de origen chino que insistía en que tenía que pintarla desnuda en Pai. Ella decía que si iba al norte pasaría por allí sin duda. Durante mi estancia en Thailandia tuve que salir del país al cabo de un mes para renovar mi visado. Ya en Laos, en un barco ascendiendo por el Mekong conocí a un Chileno con el que finalmente y tras mencionarlo de nuevo como escala prevista en su viaje, coincidimos unos dias más tarde en Pai. Él tan solo estaría un par de días, pero yo, como era de rigor,  debía quedarme con la intención de pintar algún cuadro.

    Había elegido un bungalow muy económico (2€) en medio de un jardín de plantas medicinales. El pueblo estaba rodeado de bosque y selva y cruzado por un río sediento. A pocos km. en motocicleta era fácil visitar los pintorescos asentamientos de tribus o pobladores chinos, cascadas o granjas de elefantes dispuestos a llevarte de trecking por la jungla. Por aquel entonces Pai era un lugar que por sus características apacibles y al mismo tiempo cosmopolitas se había ido definiendo como lugar de trabajo e inspiración para artistas. No es que Pai tuviera galerias de arte en cada calle, al contrario, para poder percibir esa corriente artística necesité hacerme eco de un pequeño cartel colgado en una tienda anunciando un gran evento que se estaba preparando para el mes siguiente. Así que me presenté a la cita un mes antes de su inauguración, poniéndome en contacto con los organizadores, y presentándome como artista español con intenciones de quedarme y la férrea voluntad de realizar un cuadro como mínimo como colaboración para el festival artístico que iba a celebrarse.

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