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Relato de viaje a Yangon - Ambivalente Yangon

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Enviado por: Gortxu y Ra (2544 lecturas)

Tras quince minutos estábamos en el hall del aeropuerto. Una sencilla nave industrial donde la facturación se hacía a mano y el control de pasaportes lo realizaba la propia tripulación. No había megafonía. Solo existía una puerta de embarque por lo que el anuncio del vuelo se realizaba a pleno grito en la sala. Apoyado por un cartel, que como en un “ring” de boxeo, exhibía por toda la sala. Animosamente cruzabas la puerta, la carretera interna del aeropuerto, cuantas pistas secundarias fuera necesarias hasta llegar a la principal donde le avión te esperaba con los rotores girando.
El aerotaxi pasó antes por Mandalay y Heho. Finalmente el turbohélice aterrizó en Yangon.



Yangon

Tras renegociar la tarifa oficial de 6$ y sustituirla por 4$ y 1000kyats el taxi nos condujo hasta el Golden Smile Inn bajo un fuerte aguacero.
La escalera de acceso estaba sucia y necesitaba urgentemente una buena mano de pintura. A nuestra petición nos mostraron la habitación más barata. Un habitáculo interior sin ventanas con aire acondicionado que olía a humedad. Su precio 10$ pero al ser temporada baja lo dejaban en 8$. El hecho de no tener ventana era más una ventaja que un inconveniente pues nos libraba del ruidoso tráfico de Yangon.

Al mediodía ya estábamos paseando por las calles de Yangon con dinero recién cambiado en el hotel a razón de 1245Kyats por dólar. Yangon es una cuidad muy poco acogedora. Caótica y desordenada supone un reto constante para el transeúnte. Sus aceras semiembaldosadas son un banco de prueba para el más atrevido de los peatones. Baldosas levantadas, socavones, pozos, farolas, puestos callejeros, zanjas, alcantarillas, cubos y vallas se aliaban para impedir el tránsito de las personas. Los charcos parecían mares, las aceras murallas y los coches no respetaban señal alguna.

Recorrimos, o mejor dicho nos perdimos por la “downtown” de la ciudad en las cercanías de la Sule Paya . Manteniendo aún la costumbre de agrupar los establecimientos por gremios las calles se dividían en función del artículo que vendiesen. La calle de las radios, la de los tornillos, la de la fruta, la de las herramientas, la de imprenta, la de plásticos…..Nos dirigíamos poco a poco al “Scott Market” con la intención de realizar compras. Un auténtico fracaso. Los precios de los objetos eran disparatados. Piezas que en Pyin Oo Lwin pedían 6$ aquí costaban 40$. Mientras que en Bagan no sólo era posible el regateo sino también el trueque en Yangon los precios eran casi cerrados y el regateo apenas llegaba al 10% del precio inicial. La temporada baja no afectaba a la capital. Sus comerciantes preferían esperar a la temporada alta, cuando es más fácil colocar la mercancía a los miles de turistas y vivir ahora de las reservas o de los pocos turistas de fin de semana que llegaban de Bangkok.

Al otro lado de la calle del “Scott Market” existe otro mercado cubierto para los lugareños que era mucho más interesante. Los propios puestos hacen las veces de tienda y almacén por lo que los artículos se amontonan tras el mostrador o debajo de él. El mercado estaba lleno de pequeños puestos de madera de una altura superior a los tres metros. Como enormes joyeros sus puertas se abrían en forma de acordeón dejando ver tanto la mercancía que se apiñaba en sus entrañas como la que se guardaba en las baldas interiores de las propias puertas. El mostrador también se desplegada desde el interior y hacía las veces de escalera para poder subir al puesto. Las mercancías se apilaban en enormes columnas multicolores de pantalones, mantas, camisas, telas.....perfectamente empaquetadas. La distribución de los puestos era también por gremios. La zona de los “longis” era espectacular por su colorido y variedad de estampados, la de las especias por su olor, la de medicina tradicional por sus rarezas, las cosedoras por su actividad frenética y así un sin fin de alucinantes mercancías, actividades y gremios.

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