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Relato de viaje a Delhi - Dormir para que esta vida pase pronto

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Enviado por: Serviajera (2343 lecturas)

Calor, calor, calor. Como nunca en mi vida había sentido. El pantalón mojado, la camiseta empapada, el cuerpo derretido. No hay otra opción si uno vuela desde Europa con la intención de recorrer el norte de la India y Nepal que llegar a Delhi. Yo tenía claro que la capital de la India, su polución, sus 13 millones de habitantes y su extrema pobreza no era lo que me interesaba ver; por eso había decidido sólo usarla para sacarnos el cansancio del viaje larguísimo (llegar desde Buenos Aires a Londres, donde me esperaba mi hija Fran, me llevó 16 horas; después, ya juntas, siguieron 8 horas más de vuelo) y desde allí empezar el verdadero viaje. Fueron dos días instaladas en un hostel en The New Tibetan Colony, a 20 minutos de la zona de Old Delhi. Jamás los olvidaré. La colonia de exiliados tibetanos está al borde de una autopista y tiene tres cuadras de largo. Los edificios han crecido de cualquier manera, muy apretados, con pasadizos oscuros entre sí.

Por allí, como encerrados en una jaula triste, se pasean un montón de monjes rapados, con túnicas moradas y camisas amarillas. Todo el tiempo se escuchan cánticos tibetanos, todo el tiempo los chicos te persiguen pidiéndote algo para comer, todo el tiempo tienes que espantarte un enjambre de moscas zumbonas idiotizadas por el calor. En el espacio estrecho no corre un gota de aire, mil vendedores ambulantes sentados en las veredas ven la vida pasar de la mañana a la noche sin hablar ni moverse. En la colonia hay tres o cuatro hoteles. El nuestro -4 pisos, una terraza desde donde se ve el río Jamuna, secos campos de arroz muy erosionados y chozas paupérrimas de campesinos- tenía en nuestro cuarto un ventilador de techo y un ‘cooler’ extrañísimo que para hacerlo funcionar había que llenarlo de agua con una manguera. El primer día nos la pasamos durmiendo y duchándonos con agua fría cada dos por tres. El cooler hacía tanto ruido que era una tortura, el ventilador no alcanzaba para nada. Doce de la noche y una ducha, tres de la madrugada y otra ducha. A las 6 de la mañana siguiente nos despertamos empapadas.

Nos fuimos a conocer Delhi. Rickshaw (a pedal) hasta el metro modernísimo, con soldados ocultos tras trincheras de bolsas de arena y un montón de seguridad. Aparecimos en Conaught Place. Fuimos directo al ente de turismo oficial de la India. Es que nos dimos cuenta que teníamos que hacer algo para irnos pronto de este caos de ciudad. Como siempre sucede en mis viajes, sabía perfectamente a dónde quería ir, pero no exactamente cómo convenía encarar el itinerario. Por suerte, un señor llamado Mr Happy nos puso al tanto de varias cosas y nos allanó los problemas. Esta costumbre mía de hacer todo por mi cuenta me iba a costar cara: había detalles esenciales que se me habían pasado por alto, como el cierre de caminos y cancelación de vuelos hacia Ladakh, en el extremo norte de la India, a mediados de octubre, a donde yo calculaba llegar en noviembre. El resultado fue que el itinerario que había programado en un santiamén quedó invertido: en vez de comenzar a avanzar hacia el este con destino Nepal, comenzaríamos por el extremo norte, en Jammu y Kashmir.

Con la feliz sensación de que teníamos la vida organizada, recorrimos New Delhi, legado británico lleno calles arboladas anchísimas, mansiones y jardines exuberantes. Estuvimos un buen rato en Mughal Gardens, un parque maravilloso con tres templos increíbles construidos por una de las dinastías más poderosas de la India. Por ser día festivo (ayer fue el aniversario del cumpleaños de Gandhi) estaba lleno de familias que disfrutaban con picnics y juegos.
Después almorzamos en un lugar un tanto ‘extremadamente popular’ (por no decir terriblemente sucio) y partimos hacia Old Delhi.

Cómo describir el Caos en su misma esencia. Miles de personas acarreando bultos, miles de personas yendo de acá para allá, los hombres medio desnudos, muchos durmiendo de cualquier manera y en cualquier lado. Todo lugar sirve: la estrecha separación de una avenida, una vereda, el costado de la misma calle. Aquí todos duermen. No sé si será el calor terrible o las ansias de que esta vida pase pronto sin que uno se dé cuenta. Entre el gentío uno ve lo inimaginable. Todos clase de vestidos, todos clase de tocados, todos los colores, todas las cabelleras –retintas, naranjas, blancas, teñidas con henna. Siks con turbantes y barbas, lánguidos hindúes, musulmanes, unos pocos budistas, locos, enfermos, mendigos, mujeres con saris glamorosos, hombres vestidos enteramente de blanco, otros de naranja, otros envueltos a penas con un diminuto pareo. Old Delhi parece un enloquecido hormiguero, una pesadilla, una bomba de tiempo a punto de explotar. Eso que vimos ayer a la tarde sucede todos los días desde hace una eternidad. Por otro lado se ven grúas construyendo torres en todos lados. También las obras de una enorme red de metro que atravesará de punta a punta la ciudad. Con el metro querrán aplacar el tránsito, el más inverosímil que he visto. Rickshaws a pedal o a motor, camiones, coches, motos y taxis, se cruzan de un lado a otro por las avenidas tocando permanentemente bocina. A esto hay que sumarle las vacas, consideradas sagradas, que andan solas o en manada por el medio de las autopistas.

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Comentarios

  • Avatar de Rodríguez domingo, 03 de enero de 2010 Rodríguez dice:

    Me ha encantado como describes la llegada a Delhi y estoy de acuerdo en esa sensacion medio de agobio por el calor y la contaminacion y la de perplejidad ante la vida y el caos que se juntan para hacer de Delhi algo al menos dificil deolvidar. Gracias por el relato!

  • Avatar de cristina59 domingo, 03 de enero de 2010 cristina59 dice:

    Me ha gustado mucho tu relato. No he estado nunca en la India y leyendo tu relato la he podido imaginar muy bien.

  • Avatar de cristina59 domingo, 03 de enero de 2010 cristina59 dice:

    Ahhhhhh, bienvenida a Viamedius.

  • Avatar de Serviajera viernes, 08 de enero de 2010 Serviajera dice:

    Gracias 'Rodríguez' y 'Cristina59'. Este sitio es nuevo para mí y estoy probándolo. Y me gusta, así que seguramente nos 'veremos' seguido.
    gracias otra vez y saludos!

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