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Relato de viaje a Thimphu - ¿Cómo es la vida en el país con la mayor Felicidad Interior Bruta del mundo?

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Enviado por: viajesdeprimera (1088 lecturas)

Bután sigue siendo un país eminentemente rural, aunque las nuevas generaciones protagonizan esa inevitable migración interna hacia las ciudades, en busca de nuevas oportunidades, de horizontes más lejanos, de una vida menos comprometida con las exigencias de la tierra, que todo país en proceso de cambio suele experimentar.

Y decir ciudad, en Bután, es decir, Timpu (o Timbu, o Thimbu), la capital. Pero Timpu, como ciudad, no tiene nada que ver con la imagen que los europeos asociamos a ese concepto. En realidad, resulta curioso comprobar cómo la idea de ciudad se va moldeando según la geografía, el continente, las necesidades, las posibilidades… Aquí, se transforma en unas cuantas calles asfaltadas, edificios de tres o cuatro plantas como máximo, peatones inquietos vestidos con trajes tradicionales (gho, para los hombres, y Kira, para las mujeres) y algo de tráfico rodado, que se regula por sí mismo, dado que no hay semáforos (los vecinos solicitaron retirarlos porque no los veían en su paisaje cotidiano), ni guardias de tráfico (salvo uno, en la rotonda más ‘congestionada’), ni pasos de cebra ni señales…

A pocos kilómetros de Timpu (o Timbu, o Thimbu) encontramos una granja a la que nos invitan a pasar. Es una granja más. Salpican la carretera, estrecha, sinuosa, llena de baches, de carros tirados por caballos, de niños trotadores, tractores renqueantes y paisanos impasibles, y ofrecen esa imagen medieval y eterna que, en general, acompaña, ya para siempre, el recuerdo del país.

Casi el 50% de la población butanesa se dedica a la agricultura y aunque el país exporta energía eléctrica (gracias a su potencial hidráulico) a India y China, muchas casas del campo apenas tienen luz o agua potable. El país está creciendo y modernizándose pero todavía queda mucho por hacer y la labor pendiente se encuentra muchas veces con la intención real (y seguro que nacional) de conservar sus tradiciones y su modo de vida ancestral.

A falta de modernidades, la amabilidad butanesa, inspirada en la adaptación que hizo aquí el Budismo (una corriente central que fue transformándose con sutiles matizaciones en cada país al que llegó), pilar central del carácter, de las relaciones, de la manera de entender el mundo de los butaneses. Por eso, la religión no es una faceta de la vida o una actividad que se practica un día determinado en un horario concreto. En Bután todo es religión: el trato con el prójimo, el respeto por el medio ambiente, la actitud ante las vicisitudes de la vida… Quizá porque el Budismo es más una filosofía de vida que un credo trascendental. 

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