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Relato de viaje a Thimphu - Magia de la buena en Bhutan (27-04-2009)

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Los símbolos fálicos proliferan en muchas casas de Bhutan. En la mayoría. Unas veces pintados a la entrada de las casas, y otras colgados de una cuerda de las esquinas del tejado. Pero no son colocados sin más por el propietario. Antes son bendecidos por un lama. Eso es lo que otorga protección al edificio. Eso, y la fe de quien solicita los servicios del lama.

Mi bici tenía ya un nombre, Karma, pero no tenía la bendición de ningún lama. Y los días en Bhutan iban terminándose. Mi permiso de quince días no podía ser prorrogado más. El dieciocho de Abril debía salir de Bhutan. Un día antes descendía por fin de las alturas. Bhutan es un país montañoso y cada día me tocaba subir desniveles de más de mil metros. Una tarde descendí tres mil metros de golpe. Afortunadamente los frenos de Karma son muy resistentes. El penúltimo día bajaba de más de dos mil quinientos metros hasta casi el nivel del mar. La carretera está en obras en esta parte del Este del país. Lo que supone que está destrozada. Prácticamente mantenía la misma velocidad que los coches. Me faltaban solamente veinte kilómetros para llegar a Samdrup Jongkhar y tenía que detenerme a orinar. En una curva, a la salida de Deothang, opté por deterner a Karma y dar rienda suelta a mis líquidos.

A unos metros de donde me detuve un lama parecía esperar un autobús, una nube o a mí. Vestía los habituales colores granates de monje, uno encima de otro como una cebolla. Su cabeza estaba totalmente rapada y solo tenía una pequeña cartera, a modo de banderola, como equipaje. Me saludó y comenzamos a hablar sin que aún me hubiera bajado de la bici. El lama Kunga Tenzin hablaba español. Había visitado mi país en dos ocasiones y había vivido allí durante al menos ocho meses. Era la única persona que encontré en Bhutan que hablaba mi lengua. Pero aún había más magia en aquél encuentro. Le pedí que bendijera a mi bici. Parecía que estuviera aguardando a mi solicitud. Echó mano de su cartera y sacó una cuerda roja.

Esta cuerda fue bendecida hace tres años por el Dalai Lama y la traía para dársela a una persona que esta enferma. Iba a visitarle a su casa cuando te has detenido tu aquí. Creo que eres un hombre de suerte y debes tenerla contigo. Te protegerá? Mientras me explicaba esto anudaba la cuerda a mi muñeca derecha y pronunciaba sus oraciones.

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