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Relato de viaje a Rabat - Viaje en Toyota Land Cruiser a Tombouctou (II PARTE)

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Enviado por: llacblau (8978 lecturas)

Por la Delta Interior del Níger
Una vez separados nuestro grupo se replanteo las horas inmediatas. Estábamos a unos 50 kilómetros de Niono. Pensamos que se trataba de llegar lo antes posible a esta ciudad, pues la noche se nos echaba encima rápidamente y el lugar estaba lo suficientemente poblado como para no ser fácil montar el campamento en cualquier lugar. Por otra parte la pista estaba en un estado deplorable, pero con bastante circulación, tanto de camiones, vehículos, carros y como no gente y animales por doquier. Finalmente casi metidos en la penumbra llegamos a Niono. Preguntamos sin ningún convencimiento por un camping o “campement” y ante nuestra sorpresa nos dicen que, efectivamente, lo hay. En su busca nos dirigimos, pero entre el crepúsculo y que la localidad esta prácticamente debajo de unos inmensos árboles la visibilidad era casi nula. Además de que las calles están poco y mal iluminadas. Finalmente localizamos el llamado “campement”. Es un recinto dentro de la ciudad que pretende ser un camping. El nombre de camping le viene un poco grande al lugar, pero evidentemente entramos y la inspección de los aseos aconseja no quedarnos si no es verdaderamente imprescindible.
Nos excusamos y nos dirigimos seguidamente a una misión católica que hemos visto en las inmediaciones. Antes buscamos donde comprar algo de pan y fruta, cosa que nos cuesta un poco, pero la gente que es muy amable nos acompaña a tantos lugares haga falta hasta que lo consigamos. Mientras espero que vuelvan mis compañeros de la compra, paSan por delante de donde están aparcados los tres vehículos cinco niñas entre 10 y 14 años. En la oscuridad solo brillan sus blancos dientes pues no hacen más que sonreír. Son la simpatía personificada. Las saludo y les pregunto en francés sus nombres. Ellas en un escolar y vergonzoso francés me contestan de una en una “Je m’appelle“y su correspondiente nombre. Les hago más preguntas, pero solo saben decir en francés su nombre. Supongo de lo aprendido en la escuela. Finalmente nos despedimos y ellas se van alegremente después de lo valientes y atrevidas que han sido de hablar en francés con un tubabu blanco como yo. ¡Que bonito encuentro!
Después de la vuelta de mis compañeros nos dirigimos a la misión, pero esta cerrada y solo aparece “le gardien” que nos comenta que las monjas españolas están en Bamako. Nos volvemos resignados al “campement” y finalmente decidimos que este es nuestro lugar de pernoctación. Buscamos acomodo para nuestros vehículos debajo de los grandes árboles. En ellos vivía una nutrida fauna de pájaros, que creaban una chillona sinfonía de cantos y gorgoritos. Los había de todos los tonos y matices. Confiábamos que más tarde decidirían descansar y dejarnos descansar. Si no era la música de la selva debe ser lo más parecido. Abrimos nuestras tiendas ático y lo preparamos todo para dormir.
Pero nos quedaba pendiente la cena y como había un sencillo, pero correcto restaurante que por muy poco dinero nos preparaban comida, aceptamos la propuesta. Un “pequeño” pollo con guiSantes y su correspondiente cerveza de medio litro Flag. Todo por muy poco dinero, no más de 3,00 € por cabeza. Después de cenar encendimos el ordenador para poder descargar las memorias de las maquinas de fotos y de paso ver algunas de las fotografías ya realizadas del viaje.
Un muchacho bambara nos pidió si, a través del ordenador, le podríamos decir en que día de la semana nació. Finalmente resulto que era en domingo. Se marcho muy contento por el hallazgo. Y después… toda la noche para descansar y asimilar la nueva situación.

Amaneció el día 9 de agosto con un luminoso sol y un cielo de azul intenso que después de una ruidosa noche hizo que el despertar fuera agradable. El lugar visto de día era magnifico. Yo lo recuerdo como haber estado acampado en un zoológico. Los grandes árboles le daban al lugar un aspecto salvaje y después de tantos días sin ver un bosque esta visión nos reconfortaba. Y eso que estábamos en medio de una ciudad.
Después de los aseos con nuestras duchas, las del “campement” eran infames, y del desayuno hicimos análisis de nuestros nuevos planes. Para empezar la primera cosa que teníamos clara era que los vehículos había que lavarlos. Pues era tal la cantidad de barro que acumulaban que prácticamente no se podían ni tocar.
Después confirmamos que no teníamos ningún tipo de cartografía operativa, ni digital ni casi de papel. Todo lo habíamos confiado a un compañero que ya no estaba con nosotros. Un ordenador conectado a un GPS como mapa móvil estaba fuera de servicio. Su fuente de alimentación se había quemado. La PDA con cartografía y con el programa OZI Explorer era imposible cargar la batería por problemas con las conexiones de alimentación. Solo nos quedaban los GPS, pero que sin coordenadas eran poco útiles. Todo y así seria lo que utilizaríamos gracias a coordenadas de las principales ciudades que se habían cargado en casa y gracias a Internet. Suerte que la familia Némesis tenía un mapa en papel que a partir de ahora seria nuestra guía.
Al salir del “campement” una patrulla de la policía nos para. –Bon jour, ça va?- , -Ça va bien !- Y ante nuestra sorpresa nos pregunta si ya hemos pasado por el cuartel de la policía para avisar de nuestra pernoctación en la ciudad. Extrañados les comentamos que no y muy amablemente nos indican la ubicación del puesto. Por cierto muy cerca y para allí nos vamos.
Los tres conductores nos dirigimos con los pasaportes hacia la oficina y nos reciben muy amablemente dos policías. Unos “ça va” por aquí y unos “ça va bien” por allá y todos son sonrisas y más cuando resulta que uno de los policías es del Barça y el otro del Madrid. Ya tenemos conversación. Mientras tanto rellenan no se que permiso o control de paso por los pasaportes y entre ellos comentan en francés cuanto nos cobran por el servicio. Primero dijeron unos 10.000 CFAs, después de lamentarnos y regatear un poco lo bajan a 3.000 CFAs. Cuando ya vamos resignados a los coches a buscar el dinero un compañero consigue que solo sean unos “cadeaux”. Así unas camisetas de publicidad de Estrella Damm y unos bolígrafos de La Caixa solucionan la demanda.
Estos policías son unos pedigüeños e intentan sacarte siempre algo, pero una negativa es para ellos el fin del tema. Toda esta negociación transcurre sin ningún signo de tirantez ni coacción. Todo muy inocentemente. Cuando se les coge el tranquillo son encantadores… La comisaría de Niono es de las grandes e importantes. Había en el patio un recinto con rejas en el que estaban varios presos. Pero, como todo en estos países, es muy pintoresco. De todas formas no fuimos a ninguna otra comisaría en todo el camino y ya no tuvimos ningún otro contacto con la policía hasta la salida del país y solo con el fin de arreglar los pasaportes con sus correspondientes sellos de salida.
Mientras tanto las señoras negociaban y compraban arteSanía que les ofrecían insistentes chicos y fruta que les ofrecían alegres muchachas. Fruta que llevaban en la cabeza en una bandeja. Esta carga les hace andar muy erguidas y en consecuencia tienen un porte muy elegante. Su espalda se lo debe agradecer. Más adelante llevaran los bebes en la espalda y la carga en la cabeza. No tendrán una vida fácil, pero siguen siendo gente muy alegre y que se ríen por todo. Poco tienen pero parece que poco necesitan.
Al fin salimos a la carretera y nos dirigimos hacia Ségou, una de las ciudades más turísticas del País, ya en el lado sur del río Níger . La carretera por la que circulamos esta muy bien asfaltada y sus márgenes están plagados de gente que o bien andando o bien en bicicleta o carro se desplazan entre los distintos pueblos. La vegetación es de un intenso color verde, predominando las palmeras, pero sobre todo baobats y otros árboles que están en su máximo apogeo. También los campos de mijo y otros productos están cuidados con primor. Nos sentimos bien por haber elegido esta manera de seguir nuestras vacaciones. Se respira optimismo por parte de todos los componentes. Además la temperatura es muy agradable, sobre los 25º.
Cuando llegamos a Markala, antes de cruzar el Niger paramos para repostar combustible y es cuando nos dimos cuenta de que el gasoil vale 525 CFAs el litro y no los 600 que nos pidieron, por un gasoil inmundo, en Nara. Que le vamos ha hacer, la picaresca no es exclusiva de España o quizás es la ley de la oferta y la demanda.
Aquí el tiempo, como corresponde a la época de lluvias en el África Occidental, cambio en cuestión de minutos y donde había un intenso sol apareció una torrencial lluvia. Así que a esperar que escampara. En la gasolinera un hombre que estaba tumbado en una hamaca, al resguardo de la lluvia me pidió mi dirección en España. Extrañado se la doy. Supuse que recibiría correspondencia de él, como así fue. Una triste carta relatándome que después de muchos años de trabajar para el estado ahora se encontraba en el paro. Carta que se encuentra al fin de este escrito.
Finalmente llegamos a Ségou, donde el sol empieza a querer ganar la partida a los tormentosos nubarrones. Primero y antes de nada nos dirigimos hacia la búsqueda de un lugar donde nuestros coches sean mimados por un rato y toda la suciedad y barro desaparezca de ellos. En una gasolinera vemos que había lavadero y después de concretar el precio empieza el lavado. Un grupo de jóvenes se echan encima del primero de los vehículos y cubo de agua y jabón en mano y ayudados por una manguera llena de remiendos inician la limpieza. Se esfuerzan como valientes y en cuestión de 20 minutos el coche pasa a estar limpio como una patena. Parece que además del barro nos hayamos sacudido de encima la dureza y el canSancio de los pasados días. Y así uno a uno, todos los autos pasa por la obligada limpieza. Que sensación más agradable la visión de los Toyotas limpios.
Aprovechamos los tiempos muertos para poder ver una calle llena de tiendas al lado de la gasolinera. Ségou es una ciudad grande y de las más importantes de Malí. Esta a pie del río Níger y es la más cercana a la capital Bamako. Se nota el bullicio y el constante movimiento de personas y vehículos. Dando una vuelta por la ciudad localizamos el hotel-restaurante Le Djoliba. Este hotel me lo habían recomendado en un foro de viajes y decidimos que hoy nos daríamos una alegría comiendo en él. Es este un sencillo hotel de aspecto colonial, regentado por una familia alemana. La cocina se basa en los productos habituales de la zona, como el capitan, un delicioso pescado del río Níger . Comemos bien, sin estridencias pero que nos sabe a gloria después de tantos días de comer de nuestra comida enlatada.
Fuera pululan un numeroso grupo de guías, vendedores y buscavidas que nos proponen todo tipo de tratos. La verdad que son comprensivos y entienden que para otra ocasión. Tenemos intención de acercarnos esta tarde hasta Mopti, por tanto no podemos recrearnos demasiado en la tertulia. Todavía nos faltan más de 400 kilómetros y se me antojan difíciles de realizar.
La carretera esta en razonable buen estado y si bien Mopti esta al noreste de Ségou, ésta hace una amplia curva llevándonos primero hacia el sureste. Con estas caracteristicas la carretera es muy recta y bastante rápida. Solo ralentiza el ritmo los continuos pueblos que atravesamos y los constantes controles de la policía, tanto a la entrada como a la salida de ellos. Además, para que en los pueblos se respeten los límites de velocidad de 50 kilómetros por hora, la carretera de entrada y salida están atravesados por unas bandas rugosas que empiezan siendo dos, a los 50 metros tres y finalmente 4 bandas, pero lo peor esta por llegar y es una joroba de mas de 20 centímetros que te encuentras poco antes del control de la policía. ¿Qué como es el control de la policía? Pues suele haber tres bidones en medio de la carretera. Solo el del centro es el que apartan en cuanto llegamos y el guardia de turno, que suele estar tumbado en una tumbona, da la orden al “subalterno”. ¡Si, si! subalterno porque a estas alturas ya nos hemos dado cuenta que todos los trabajos se subarriendan. ¿Qué como? Pues cuando uno tiene un trabajo por muy poco le encarga a otro que se lo realice. Así los chicos que limpiaban el coche lo hacían por encargo del verdadero lavacoches, que es el que cobro el trabajo. Y los policías, que si bien estaban presentes en el puesto, no se movían de sus destartaladas tumbonas. Ellos nos miraban desdeñosamente y uno de ellos levantaba la mano, que tanto servia de saludo hacia nosotros como de orden al joven que era el “machaca”. ¡Sorprendente! Claro que el lado bueno es que en ningún caso nos pidieron documentos, ni nos molestaron.
Pero distraídos por el entorno y debido a lo precario de la cartografía, y por que no decirlo por un malentendido entre nosotros, finalmente nos dimos cuenta que habíamos avanzado demasiado hacia el sureste y que por tanto estábamos acercándonos muy rápidamente hacia la frontera con Burkina Faso. País atractivo pero que en este viaje no tocaba. Rectificación y carretera dirección norte hacia la ciudad de San. Todo esto nos atrasó todavía más y los planes del día iban a tener que ser modificados. Vista la altura del sol decidimos que como máximo habría tiempo para llegar hasta San, por tanto urgía encontrar lugar para dormir. Cosa nada fácil en estas latitudes.
Nos planteamos montar nuestro pequeño campamento o buscar un establecimiento hotelero o similar. Pero como para todo, el devenir te prepara una sorpresa. Esta apareció con aspecto de hotel. Y así fue como encontramos un establecimiento con los estándares que los europeos deseamos. Pequeño, pero acogedor. Habitaciones limpias y completas. Fueron 20.000 CFAs (32,00€) el coste, pero era lo que necesitábamos después de tantos días de campamento. Además nos preparaban una cena al aire libre muy agradable. Temperatura perfecta, incluso algo fresca y sin mosquitos. Que más podíamos pedir. Y esta noche dormiríamos en una cama. Y para una noche que disponíamos de aire acondicionado, este no hizo falta utilizarlo…Y fueron… buenas noches.

El jueves 10 de agosto, aseados a fondo y descansados, iniciábamos nuestro treceavo día de viaje. Fue una mañana que recordaba a las de los viajes a Marruecos. Aventura por el día, pero cenas, alojamiento y desayuno con “clase”. El cielo azul prometía una jornada soleada y con una agradable temperatura. Quizás el día nos depararía lluvia pero no se veían síntomas en el horizonte, por tanto todo pintaba bien.
Al salir nos dirigimos a comprar pan y por que no, a pasear por la ciudad de San, que dispone de una de las mezquitas de estilo sudanés mejor conservada de todo Malí. No fue nada difícil localizarla y como en su alrededor había un abigarrado y colorista mercado, que menos que dar una vuelta, aunque fuera solo un rato. En el mercado y como si no hubiéramos visto un cubo de plástico en nuestra vida, nos lanzamos a comprar unos cuantos de ellos a modo de souvenir. La verdad que están hechos de vivos colores y son los utilizados por todas las mujeres malienses. El destino de hoy iba a ser Mopti y no distaba más de 200 kilómetros. Había tiempo.
En la mezquita, como no, nos dedicamos a la fotografía y como siempre niños y más niños mirándonos con cara de sorprendidos. ¡Que raros nos deben ver! Poco a poco se van envalentonando. Siempre hay alguno más atrevido que se acerca y pide un regalo. Si cometes el error de dárselo ya tenemos fiesta y movida. Y eso que querríamos darles a todos pero, aunque no lo creamos, no es aconsejable. Primero porque entre ellos se pelean por conseguir su “trofeo” y por más que les digas que hay para todos, aquello se transforma en una “merienda de negros”. Y perdón por la frase, pero es la que mejor representa el hecho. Los regalos es mejor darlos cuando estas a solas con uno o dos y siempre por alguna ayuda. Porque sino puede parecerles que lo fácil es pedir. En fin hay varias teorías sobre los regalos y todo y así es muy difícil escaparte de esta dinámica.
¡Ah si! ¡La mezquita!, pues la verdad es que era espectacular y sorprende que se pueda realizar solo con barro edificios tan impresionantes. El interior como es lógico nos esta vedado a nosotros, por nuestra condición de infieles. Por tanto una vista y las correspondientes fotografías, al final y teniendo en cuenta que huimos de esta calificación, es el trofeo del turista. Nosotros, nos consideramos más que turistas, viajeros y creo que con el día a día lo demostramos, pero… ¿donde esta la línea de separación? No será ¿que en algunos momentos también actuamos de turistas? En fin, ¡serán tópicos!
La carretera nos acercaba rápidamente hacia el destino del día, pero una aldea y unos gigantes baobats consiguieron que nos paráramos. La gente muy amable se fue acercando y se estableció el contacto con ellos. Mejor decir ellas, porque casi todo eran mujeres que con sus hijos a la espalda estaban cavando el mijo. Daba apuro verlas encorvadas golpeando con una primitiva azada la tierra. Alguna estaba además embarazada. Una vez roto el hielo y luego de que alguna compañera se prestara a practicar con la azada, nos fuimos haciendo fotos. Volvíamos a encontrar gente muy amable y que a pesar de no hablar ni una palabra de francés, el idioma de los signos funcionaba a la perfección. Algunos regalos pasaron de los coches a las mujeres bambara, fueron presentes por un rato de conversación. Los baobats eran impresionantes y debajo de ellos éramos uno enanos.
Sobre las 13 horas llegamos a Sevare que es la población que se ha formado en el cruce que lleva hasta Mopti, distante 10 kilómetros de rectilínea carretera. En este mismo lugar esta el aeropuerto. Decidimos que deberíamos buscar un “campement” o similar, cuando veo publicidad de un Hotel-Campement y como es lógico para allá nos vamos. El calor es bastante intenso, cerca de 40º y con un bochorno agobiante. Al llegar a la entrada de la ciudad vemos el establecimiento en la entrada, justo a la derecha, pero lo que vemos no nos gusta nada. Muchos guías están a la caza del “guiri” y nosotros su bocado del día. Entramos dentro y lo que vemos nos gusta menos. Es un pequeño patio al lado mismo de la carretera y poco convencidos nos vamos hacia la recepción. En la puerta vemos un orondo personaje que resulta ser el propietario. Era blanco y por tanto supusimos que era europeo y por tanto esperamos que las instalaciones estuvieran bien.
Unos empleados nos enseña las habitaciones, porque el espació dedicado a acampada no es más que el aparcamiento. Estas huelen mucho a zotal, señal de que están limpias, pero en un estado deplorable. Declinamos quedarnos, pero insisten en que nos enseñan otras habitaciones y que son las mejores que tienen. Otra inspección ocular y no paSan el examen. Decidimos pues marcharnos.
Pocos kilómetros después de coger el desvío hacia Mopti, había visto un hotel que me había dado muy buenas sensaciones, pues tenía buen aspecto. Hacía allí vamos y cuando llegamos verificamos las sensaciones iniciales. Es un gran hotel. Habitaciones a 30.000 CFAs la noche, sin desayuno. ¡Caro! pero el lugar lo merecía. Decidimos quedarnos y entonces aparece la sorpresa. Los propietarios del hotel Ambedjebel son dos hermanas catalanas de Barcelona. ¡Caray! Hay catalanes por todas partes.
Las habitaciones son tipo bungalow y están decoradas de forma muy original. Es…, digamos, un hotel con encanto. Nos recordaba a nuestro estimado Xaluca. Tenía un gran jardín lleno de unos lagartos de colores semi amaestrados. Nos dicen que son el mejor insecticida contra los mosquitos. Decidimos comer un piscolabis en las habitaciones al abrigo del aire acondicionado y hacer una corta siesta.
Esta no podía ser muy larga, porque había en el exterior una gran piscina que nos estaba reclamando desde la llegada. Al final todos nos encontramos en ella y chapoteamos hasta cansarnos.
Más tarde con el minibús del hotel, muy amablemente, nos acompañaron hasta Mopti y nos dirigimos directos al famoso bar Bozo. En la confluencia de los ríos Bani y Níger. Es ahí donde se forma un puerto fluvial donde reina un bullicio inusual y donde gracias a él existe un gran mercado casi permanente.
Pero cuando bajamos del minibús nos dimos cuenta del caos que reina por doquier. Caos para nosotros porque todo era muy básico, pero para ellos todo estaba controlado. Nos metimos en el bar Bozo, que disponía en la entrada de un soldado en guardia permanente. El bar Bozo esta en el puerto, adosado al río. Este es el lugar preferidos por los turistas. Casi te ves obligado a ir a él. Es como una isla de tranquilidad y desde su terraza se puede contemplar con relax el constante ir y venir de las pinazas. De aquí parten los barcos hacia Tombuctú y Gao, y aquí llegan centenares de gentes cargadas con los productos que se venden en los mercados de la ciudad. El espectáculo es magnífico, igual ves la reparación de una pinaza o de un ciclomotor. Como se lava un coche o moto en la orilla del río. Como hombres, mujeres y niños se lavan, casi desnudos, cuando no desnudos, concienzudamente en las terrosas aguas del río. También como alguien coge agua para beber o cocinar en las pinazas. Y como no, como se pesca. ¡En fin! que no te aburres, tal es el espectáculo que se muestra a nuestros sorprendidos ojos.
Fuera hay un sin número de guías, vendedores y gente que nos quiere ofrecer algo o vender algo. En definitiva ganarse el jornal, aunque sea de un día. Finalmente algunos de nosotros nos atrevimos a salir al mercado y andar un poco. Detrás de nosotros nos seguían los insistentes vendedores. Nosotros veíamos los tenderetes con sorpresa. Porque era todo un cúmulo de despropósitos. En unas condiciones míseras allí se vendía de todo y además con mucha “humanidad”… Los olores eran atrapados por nuestras pituitarias y a veces se quejaban de los desagradables aromas del entorno. Los productos se vendían en zonas separadas. Así había alguna donde dominaba el pescado que se exponía en el suelo. Normalmente era pescado seco, de varias clases. El olor que despedía era ciertamente desagradable. Había también unos recipientes con una especie de grasa amarillenta, que suponemos debía ser para condimentar. En fin por doquier surgían sorpresas, que nunca dejaban indiferente.
En otro lugar del abigarrado mercado había una niña sentada, con unos ojos de impresión. Pedí permiso para fotografiarla, pero antes de intentarlo la niña se puso a llorar de forma desesperada. Vista la carita de terror de la niña desestime realizarle la foto. Después un adulto me dijo que me tenía miedo por ser tan blanco. Supongo que habría visto más blancos pero quizás no tan de cerca o es que realmente soy feo…
En la parte donde se elabora y se vende la arteSanía en madera, había antigüedades o se supone que lo eran. Yo pregunte precio por dos figuras bambara. Una representaba a una mujer con un bebe en el regazo y el hombre, se supone que el papa, tenia un cilindro en la mano supongo que alegoría a sus atributos. Inicialmente me pedía 30.000 CFAs. Yo, sabía que ahora empezaría el regateo, que por otra parte es una obligación. Desestime la compra pero no el acoso de los vendedores que ahora seria continuo. Nos dirigimos al bar Bozo donde nos esperaban nuestros compañeros y hasta allí se desplazaron todos con sus artículos dispuestos para la venta. Desde el exterior iniciaron el ritual del regateo con todas sus armas dispuestas. A saber; persuasión, insistencia, simpatía y como no un “vous un prix plus haute et mois un prix plus bas”. Y después de un buen rato y de rechazar los artículos varias veces, resulta que has comprado de todo. Las figuras bambaras, que juraba y perjuraba que eran de caoba, por supuesto falso. Un montón de collares. Una pinaza de madera, que nos vendió un niño. Abrecartas a montones y un típico sombrero de los usados por los pastores peul. Como pasa siempre, te queda el regusto de que los vencedores han sido ellos. Pero como negarte a seguir esta mezcla de juego y ritual.
Desde allí vimos la esplendida puesta de sol que en la orilla oeste iniciaba su retiro. Haciendo que el paisaje se fuera difuminando poco a poco. Las ultimas pinazas cargadas de gente iban de camino hacia las aldeas bozo que mimetizadas con las orilla del rió dejaban para mañana todo tipo de actividad. Donde había color ahora aparecía el contraste entre el rojizo cielo y el oscuro perfil de las cosas y de las personas. Volviéndose todo en un mundo negro. Solo tenues luces de algunos edificios permitían iluminar algo el entorno.
Nosotros esperábamos el minibús del hotel para que nos sacara de aquel ambiente oscuro y tenebroso. Pero creo solo era tenebroso en nuestro cerebro, porque todos los vendedores, seguían con nosotros y su alegría y tranquilidad se trasmitía a nuestro ánimo. La verdad que en ningún momento nos sentimos cohibidos y las gentes seguían siendo de una amabilidad extrema. Algunos vendedores/guía no nos los quitamos de encima ni tan siquiera en el hotel. Ellos nos siguieron en bicicleta o en ciclomotor (hasta tres en una moto). Esperaban su regalo y no pararon hasta conseguirlo. La verdad que les coges aprecio y son buena gente. Buscavidas, pero ¿quien no lo seria en su situación?
Una vez en el remanso de paz que es el hotel y después de un breve descanso nos esperaba una cena a la luz de las velas. Nuestras mejores galas aparecieron del fondo de las maletas y por una vez parecíamos turistas de alto copete. La temperatura había bajado apreciablemente y la cena se pudo realizar de forma muy cómoda. La dueña del hotel hacia de anfitriona y fue muy amable con nosotros. Ni tan siquiera parecía que los mosquitos quisieran molestarnos.
Pero la tertulia no se alargo demasiado, pues el canSancio empezó ha hacer mella y todos nos fuimos retirando a nuestras habitaciones. Mañana seria otro día…

Por el país Dogón

Levantarse temprano en un campamento es algo relativamente fácil, el sol y la claridad se encarga de ello, pero en la oscuridad de la habitación cuesta un poco más. Así que el viernes, 11 de agosto se nos pegaron un poco las sabanas. Después supimos que no todos pasaron tan buena noche como nosotros. Algunos de nuestros compañeros cogieron el mal de turista. Ya se sabe diarreas y malestar. Pero parecía que no era nada y que todo podría seguir según el plan programado. Eso si, con el papel higiénico a mano por si había que salir de urgencia.
Al final despedidas de nuestros insistentes amigos/guías, que nos deseaban buen viaje y así ver si les caía algún regalo más. Pero al poco de salir la cosa no funcionaba. La persona en peor estado físico iba de mal en peor y por tanto parecía poco aconsejable realizar la ruta hasta Tombouctou. Ruta que por otro lado preveíamos difícil. Así que volvimos al hotel y definitivamente decidimos pernoctar otro día en él. Nuestros compañeros llamarían a un médico y serian visitados por él. Sobre todo para quedar más tranquilos, aunque nosotros sospechábamos que no era otra cosa que el susodicho mal del turista. Cosa que efectivamente se confirmo. De manera que un día de descanso y mañana ruta. ¡O no!
Los otros compañeros decidimos acercarnos hasta el país Dogon, el cual no distaba, su ciudad más importante, más allá de 80 kilómetros. El sol seguía dominando el panorama y a la hora de comer buscamos un lugar con sombra, porque el sol pegaba fuerte y no era cuestión de pillar una insolación. Al final una especie de túnel natural en una roca nos hizo de improvisado toldo. Si bien hacia calor, el aire al pasar canalizado por el agujero permitía un cierto alivio. Pero poco antes de acabar la comida el cielo se fue encapotando y al rato la lluvia ya era generalizada, aunque todavía fuimos visitados por un grupo de muchachos y una señora con su bebe. Evidentemente paso lo que ocurre siempre. Algo de comida y algún regalo fueron a parar a sus manos. Las bebidas con gas les hacen mucha gracia, suponemos que por las cosquillas en la nariz. Bien, toda una fiesta cualquier contacto con estas gentes.
Cuando nos dirigíamos a la localidad de Bandiagara, la lluvia arrecio de valiente y suerte que circulábamos por asfalto, porque era tormenta en toda regla. Y todo en cuestión de minutos. Claro que tal como apareció, desapareció y al rato había conseguido bajar de manera apreciable la temperatura. Ahora disponíamos de unos agradables 22º-23º. También dejo el paisaje con un ambiente húmedo y muy verde.
En Bandiagara aparecieron los muy numerosos guías dogón. Nos explicaban que esta misma tarde había en una aldea llamada Begnemató una fiesta de mascaras, en conmemoración de la muerte de un anciano. ¡Que casualidad! La cosa parecía intereSante pero nos pedían por acompañarnos 50.000 CFAs. (80,00 €) Mucho dinero para excursión de una tarde. Así que declinamos el ofrecimiento y nos dirigimos solos hacia “La falaise de Bandiagara”, distante unos 25 kilómetros. Cogimos la pista que dirección sur nos llevaría hasta Djiguibombo. Pudimos apreciar que si bien era una pista de tierra, su estado de conservación era muy bueno. Tierra rojiza, con algo de tôle pero casi sin barro y esto que había llovido hacia solo un rato y de forma torrencial.
Al poco de entrar en la pista nos cruzamos con un grupo de mujeres dogón que iban cargadas con pesados haces de leña en la cabeza. Incluso una niña de no más de 12 años llevaba uno de ellos. Quisimos hacerles unas fotos, pero una de ellas, quizás la más mayor, que debía hacer de “jefa” nos increpaba en su idioma. Evidentemente no le entendíamos, pero con su tono y sus aspavientos dedujimos que no quería que las fotografiáramos. Yo le conteste en catalán y como tampoco me entendía, poco a poco fue bajando su tono. Al final les ofrecimos unos regalos y ya estaban de buen rollo y dispuestas a ser fotografiadas. Había buen ambiente y buena predisposición por parte de ellas. La verdad es que estas mujeres con sus ropas de intensos colores, consiguen una plasticidad con las cuales se consiguen unas grandes fotos. Además ellas se sienten guapas y lucen orgullosamente sus ropajes. Sobre la jovencita de 12 años yo intente levantar el haz de leña que llevaba y casi ni podía con él y eso levantándolo con las dos manos. Debía pesar sus buenos 25 kilos… ¡Admirable! y ¡lamentable!
El verde paisaje era reconfortante y agradable, ayudado por la muy soportable temperatura. Varia aldeas dogón fueron saliendo a nuestro encuentro y en todas ellas destacaba los graneros con sus típicas techumbres en forma de sombrero.
Los dogón son una tribu africana que vive en la republica de Malí. Su localización física esta al sur del estuario central del río Níger , sobre una meseta rocosa que se corta por la falla de Bandiagara de unos 200 kilómetros de largo. La economía del pueblo dogón se basa en el cultivo de mijo y cebollas que cultivan las escasas zonas de tierra que se pueden encontrar entre las grandes masas de piedra. También disponen de algo de ganado, básicamente cabras. Hoy día el turismo se está convirtiendo en la mayor fuente de ingresos para aquéllos que continúan en estas aldeas. Algunos se han convertido en guías acompañantes de turistas y otros nativos dogón han transformado sus casas en sencillos albergues para acoger a los cada vez más habituales turistas.
Los dogón, según la tradición, provienen de algún lugar situado en la orilla occidental del río Níger , se dice que de los montes Mandinga. Hace unos 700 años por motivos no muy claros, dicen que por presión de otros pueblos más belicosos y/o por su resistencia a la religión musulmana, emigraron hacia el noroeste –antiguo Alto Volta-. De donde también tuvieron que huir ante la permanente amenaza de otros pueblos guerreros, estableciéndose finalmente en la zona de los Montes Bandiagara, que es donde viven en el presente. Al llegar se encontraron que en las paredes de la falla habitaba un pueblo pigmeo llamado tellem, quienes les recibieron amistosamente y con los que paulatinamente se fusionaron, de los que se supone eran excelentes escaladores. Conclusión que se llega después de ver el lugar donde vivían, que no era otro que las partes más altas de la falla, en lugares de muy difícil acceso. De hecho de este anterior pueblo no se sabe prácticamente nada.
Los Dogón son el único grupo étnico de Malí que no es ni musulmán, ni cristiano sino que sigue aferrado a sus creencias animistas. Poseen un sistema para medir el tiempo, conocimientos astronómicos y farmacéuticos propios, aunque siempre han mantenido sus creencias en secreto para lo cual les ha ayudado el difícil acceso a sus poblados. Toda la transmisión de su cultura es oral.
Sobre este pueblo cae un enigma realmente asombroso, puesto que los científicos no tienen manera de explicarlo. Lo que podemos decir simplemente de los Dogón es que tienen una mitología riquísima que fue estudiada por varios antropólogos franceses hacia mediados del siglo pasado y se observo que las creencias que tenían giraban en torno a una serie de conceptos astronómicos realmente singulares, esos conceptos astronómicos estaban siempre relacionados con la estrella Sirio.
También tienen un original sistema para cuando dos personas tienen una discusión que dirimir. Es entonces cuando se reúnen en “la casa de la palabra”, que es una baja estructura con tejado de paja sostenida por columnas decoradas con figuras, llamada en su idioma “toguna”. Cuando surge un conflicto, el jefe de la aldea convoca a las partes interesadas y a sus partidarios que se ven en la obligación de reunirse en este lugar y permanecer en él hasta que hayan llegado a un acuerdo. Naturalmente, la obligación de acordar algo aumenta la presión en todos, las voces suben de volumen, los temperamentos se encolerizan y la tentación de agredirse físicamente se vuelve irresistible. “La casa de la palabra" se construye de baja estatura intencionalmente, ya que si alguien intenta ponerse de pie al exaltarse se golpeará la cabeza en el techo y tendrá que sentarse nuevamente.
Hoy en día los dogón viven en el llano. Las aldeas encaramadas en la falla solo se utilizan como granero, cada vez menos, y como cementerio. Solo el chaman vive en lo alto de la falla y aprovechando alguna de las casas ya abandonadas. Evidentemente el País Dogón es en si mismo un extraordinario reclamo turístico y es sin lugar a dudas el paisaje más original y espectacular de Malí y de quizás de toda África Occidental. Hoy en día es muy habitual encontrar en la oferta de cualquier agencia de viajes europea rutas, bien en 4x4 o de senderismo al País Dogón. Este turismo masivo ha cambiado a los dogón, pero no lo suficiente como para no encontrarte con un paisaje y una cultura diferente y muy intereSante. Hoy por hoy viajar a la falla de Bandiagara todavía es un viaje al pasado. ¿Hasta cuando? Si se sabe mantener su autenticidad y su idiosincrasia lo más pura posible, en un futuro todavía podremos disfrutar de esta cultura, pero claro la gente quiere disfrutar de los avances del mundo actual y la juventud que estudia en las nuevas escuelas, que el estado ha ido poniendo en los pueblos más importantes, están abriendo los ojos al mundo al exterior. Esta juventud pide a los turistas cruce de correo epistolar incluso por Internet. Todo se mueve muy rápido a su alrededor y podría ser que perdieran el norte…
Íbamos con estos pensamientos cuando, disfrutando de la buena pista, en ocasiones cementada, llegamos al pueblo de Djiguibombo. Este pueblo es uno de los importantes y se encuentra en la meseta, poco antes de empezar el descenso de la falla. Decidimos detenernos para pasear un rato y visitar las callejuelas. Parar significo vernos rodeados de niños y no tan niños. Enseguida los más pequeños versados en mil visitas nos cogían de la mano, sabiendo que este hecho enternece la conciencia de los “caritativos” blancos. Conseguir acompañar de la mano a un turista es sinónimo de regalo seguro. Algunos jóvenes, con gafas de sol chinas, enseguida se ofrecían como guías para acompañarnos por la aldea, pero claro siempre hay los “listos” que querían poner precio a todo. Por ejemplo, por dejarnos visitar el pueblo, de la mano de los niños, eran según alguno de estos pilluelos unos 100.000 CFAs. (192,00 €) ¡Esperpéntico!, finalmente llegamos a dos conclusiones, la primera que no saben distinguir el valor del dinero y segunda, que nos deben ver billetes de euros con patas. Si supieran lo que nos cuesta poder viajar a su país. Claro que ellos en ninguno de los casos lo pueden hacer al nuestro.
Cuando la pista deja el llano y empieza el descenso, brusco por cierto, en el horizonte se recorta lo que parece el mar, pero no es otra cosa que el Sahel que se mimetiza de tal forma desde las alturas que jurarías que a nuestros pies había un tranquilo mar. En este punto de la pista el desnivel llega hasta el 9%. Por suerte esta pista debe hacer poco que esta cementada en toda la bajada así su estado de conservación es magnifica. De golpe empezamos a ver cascadas, que son la consecuencia de los ríos que desde la meseta se vierten por la falla. Deben ser ríos estacionales, pero como hacia poco rato había caído una fuerte tormenta de agua, esta lleno los riachuelos y esto se vertían al vacío, creando un espectáculo que pocas veces al año se podrá ver. Algunas cascadas eran realmente saltos muchos metros de altura.
Al llegar al llano preguntamos en un cruce si era posible alcanzar la aldea de Begnemató desde nuestra posición. Nos contestaron que si y que había que seguir la falla hacia el norte y que distaba no mucho más de 8 kilómetros. Pues bien hacía allí nos dirigimos. La falla nos quedaba a nuestra izquierda y circulábamos paralela a ella. Algunos árboles que intentaban ser un bosque nos acompañaban y la pista, si bien estaba mojada no formaba casi barro, era prácticamente de tierra muy arenosa, por no denominarla sencillamente de arena. También nos rodeaban cuidados campos de mijo que estaban en su apogeo, con un brillante verde que daba esplendor al ambiente. Nadie diría que estábamos en una zona semi desértica. ¡De lo que es posible el agua!
Poco a poco llegamos al pueblo de Teli. Ahora esta en el llano, pero a poca distancia destaca la parte encaramada en la falla, donde antes vivían los dogón y antes aun los tellem. Parece un poblado de miniatura. En esta parte encaramada en la falla no nos podemos acercar los turistas sin la compañía de un guía. Dicen que la falla hay que pateársela andando, o sea viniendo preparado para hace senderismo. Cosa que nosotros no teníamos previsto. Pero… ¡Ya tenemos excusa para volver!
En el pueblo de Ende volvemos a preguntar sobre la aldea de Begnemató y efectivamente nos confirman la posibilidad de llegar hasta ella, pero la aldea esta en la meseta, justo en falla, por tanto no hay otro remedio que subir hasta la meseta. Cosa que solo es posible andando. Había la posibilidad era que dejáramos los dos vehículos en la aldea a su cuidado y un guía o guías nos acompañarían hasta la aldea y así podríamos ver la fiesta de las mascaras. Después tendríamos que quedarnos a dormir en una cabaña de la aldea y al día siguiente bajaríamos a recoger nuestros vehículos. El plan, que estaba pensado con buena voluntad por parte de la gente, no creíamos que fuera viable. Primero, nuestros compañeros estaban en el hotel recuperándose de sus problemas físicos y nos esperaban para cenar. Era imposible avisarles, pues los móviles estaban inutilizados al no tener cobertura. Por otra parte subir la falla andando y con prisas no seria, seguramente, asumible por parte de más de uno de nosotros. Nuestra preparación física dista de poder hacer estas marchas forzadas. Y dormir en una cabaña…, como que no nos entusiasmaba. Además el hotel estaba reservado… ¡Vamos que la idea no seducía! Para otra ocasión.
Así que dimos la vuelta y nos volvimos por donde habíamos venido. La pista en algún punto, digamos que…, estaba crítica a causa de alguna torrentera. Ahora estaría peor después de nuestro paso. Y en uno de estos tramos al pasar uno de los coches hubo un deslizamiento de tierra y el coche quedo inmovilizado y con una inclinación que no auguraban nada bueno. La situación estaba crítica y después de analizar la situación dedujimos que solo tirando con otro coche por delante se le podría volver al coche la verticalidad. Pero el problema era que el segundo coche no tenia espació para pasar delante. En este momento teníamos un problema y, como no, para todo problema hay una solución. Hacia poco rato habíamos saludado e incluso hablado con un grupo de turistas catalanes que estaban haciendo un senderismo y que se dirigían a su lugar de pernoctación que no era otro que la aldea de Teli, no muy distante de nuestra situación. Pues bien, gracias a su ayuda conseguimos que el vehículo saliera del atolladero. ¿Qué como? Pues colgándonos de la estribera un grupo de personas de forma que garantizáramos la imposibilidad de un vuelco. Así el vehículo, con la tracción 4x4 y las ayudas electrónicas, consiguió recuperar la verticalidad y salir del atolladero. Gracias a todos por su pequeño esfuerzo que sumados hicieron fácil un grave problema.
Alegres por haber salido del atolladero y con la satisfacción de haber superado el problema nos dirigimos hacia la localidad de Bandiagara por la pista que horas antes habíamos circulado. A la salida de Djiguibombo encontramos dos cabañas con una familia muy pobre. Paramos y les llamamos para que acudieran a nuestro vehículo. Pensábamos regalarles alguna medicina básica y algo de ropa y juguetes. Se acerco temerosamente una mujer con un bebe en brazos. Iba desnuda de cintura para arriba y no era totalmente negra. Más bien muy oscura de piel. Pensamos que deberían ser gentes de la tribu Bela, que antes eran esclavos de los tuareg y peul y que ahora viven de los trabajos esporádicos. Parece ser que viven fuera de las aldeas de los dogón y que no tienen apenas contacto con gentes de otras tribus. Son los criados de los pobres y deben ser los más pobres de los pobres.
La tarde fue cayendo y la oscuridad se apoderaba irremediablemente del ambiente. Seria la primera vez que íbamos ha circular de noche, experiencia que ya habíamos realizado en otros países, pero que en Malí iba ser novedoso. No esperábamos más que vehículos sin luces o que deslumbraran. Además de carros y otros animales que nos encontraríamos en cualquier lugar, menos donde deberían estar. Por suerte la carretera estaba muy poco transitada y no fue demasiado complicado llegar con cierta seguridad a Sevane y poco después al Hotel Ambedjebel.
Allí nos esperaban nuestros compañeros, que habían mejorado de sus indisposiciones, no obstante la cena seria sin su presencia. Mañana creían poder estar en condiciones de iniciar la ruta normalmente. Pero al día siguiente caeríamos otros con el mismo mal y así poco a poco caímos todos. El mal del turista no perdono casi a ninguno. Pero esa noche los “Sanos” teníamos hambre y decidimos cenar en el restaurante del hotel. Después el descanso bien merecido se transformo en una noche de desasosiego.

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