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Relato de viaje a Chefchaouene - Sonrisas en la ciudad azul

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Enviado por: mariarica (560 lecturas)

Me encuentro en la ciudad de Chefchaouen en la cordillera del Rif al norte de Marruecos. Estoy sentada en la terraza de uno de los concurridos cafés que se encuentran en la plaza de Outa el Hammán en compañía de un vaso de té a la menta y de mi cámara reflex siempre alerta, siempre ávida de detener el tiempo, de capturar instantes, miradas… y es que esta ciudad es especial.

Relajada, cierro los ojos y pongo el resto de mis sentidos a trabajar, ya he perdido la cuenta de las veces que he estado aquí por eso no me hace falta ver, solo imaginar…

La ciudad está cargada de ruido, de vida, constante bullicio y actividad. Por las estrechas calles de la medina los burros no dejan paso a los transeúntes cargados de verduras y otras mercancías. Los arrieros se abren paso a base de gritos, los niños corretean por las calles, se esconden entre los laberintos de callejuelas, salen gritando de cualquier puerta, saltan por cualquier ventana, se ríen, juegan!… Los comerciantes te saludan en tu idioma animándote a entrar a sus tiendas, si aceptas la invitación, a buen seguro te acogerán con una buena taza de té y una larga y agradable conversación.

Siempre que he viajado a Marruecos me he sentido como en casa, la calidez de su gente me ha arropado en cada viaje de forma especial. Conocí a Said la primera vez que estuve en Chaouen, era el propietario del Hotel Smara donde me alojé. Said pasaba las noches con nosotros conversando, riendo e intercambiando opiniones, recuerdos y anécdotas. Por el día se convertía en el perfecto anfitrión ya que nunca faltaba de nada cuando él estaba cerca. Said tiene mujer y una niña, Fátima y Munía. Fátima habla perfectamente español y siempre está sonriendo. Prepara té con suma delicadeza y es que todo lo hace de esta manera. Pasa por tu lado y sonríe, recoge el salón del hotel y sonríe, habla con Munía, la besa y sonríe. La niña responde a su beso con unas palabras ininteligibles para mí, Fátima se ríe a carcajadas y la niña también…

Miro esta escena familiar emocionada, se ha activado un resorte en mí, me he conmovido. ¿Qué te pasa? Said se ríe de mí. Munía viene corriendo a mis brazos juguetona y Fátima aparta con delicadeza el hiyab que le ha cubierto momentáneamente sin querer el ojo y me vuelve a sonreir…

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