El río Nilo es el más grande de África. Es un río importantísimo para los habitantes de las tierras bañadas en todo su recorrido. El Nilo es cosecha, es comida, es riqueza y es vida.
Hoy quiero relatar mis impresiones al navegar por el Nilo durante mi visita a Egipto. Fue una experiencia inolvidable.
A lo largo de las tierras por donde pasa, va cambiando su color, porque es diferente la vegetación, la tierra, el paisaje, los pueblos en su orilla, etc. El Nilo tiene dos grandes afluentes y hasta ellos tienen nombre de colores: Nilo Blanco y Nilo Azul.
Hacer un recorrido por el Nilo es algo que te marca, hay un antes y un después de estar en el Nilo, de tomar el sol mientras navegas, de contemplar los pescadores arrojando sus redes al agua, de dormir mecido por su suave movimiento, de ver sus amaneceres y sus puestas de sol. Sus paisajes son únicos, su clima es también exclusivo. Las gentes que lo trabajan también son parte de él, todo forma parte del Nilo y cada parte tiene un color diferente. Según la hora del día los tonos del río son cambiantes en un mismo lugar.
En el sur, en Aswan, predomina el color blanco de las velas y el casco de las faluas, incluso la ropa de sus timoneles son también de ese mismo color. Allí el río te permite visitar lugares muy diferentes y cada uno más interesante que el anterior que has visto. El templo de Philaé con el color ocre de su muros te transporta a otra época, a los tiempos del gran imperio Egipcio. Nosotros tuvimos al suerte de visitarlo solo seis personas, a última hora de la tarde cuando el sol ya no calienta pero si que emite una suave luz que aviva aún mas los tonos de la piedra de templo.
En esa zona del Nilo está la región de Nubia, donde sus pueblos son multicolores, engloban toda la gama cromática. Sus casas son de vistosos colores por fuera y por dentro, vistos de lejos parecen un dibujo de esos que hacen los niños pequeños, donde pintan cada casa de un color.
En algunas zonas del Nilo la vegetación que se alimenta del río es tan rica que casi lo invade, formando pequeñas isletas de plantas verdes, tan juntas unas de otras que su reflejo en el agua hace que se confunda y se vea todo de color verde. Siguiendo su cauce hacia arriba, porque es el único río que fluye de sur a norte, encontramos más tonalidades, a veces es todo azul porque el cielo tiene ese color tan vivo y tan puro que el río lo copia y se tiñe de tonos añiles.
Otras veces ese azul del cielo y el agua es más débil, mas tímido, como que no se atreve a pasar de azul a verde y se queda en color turquesa.
Con el avance del día, la luz del sol va decayendo y se acerca a las montañas de piedra, desnudas de plantas, no se como, pero extrañamente todo se vuelve de color rosa. Luego, en un instante, el aro se coloca sobre la montaña tocándola levemente y todo se inunda de un amarillo vivo, radiante, y que te ciega los ojos, miras a otro lado y ves a sus gentes en la orilla todo cubierto por un manto dorado. Más tarde lo amarillo se vuelve rojo y todo se impregna de esa luz.
Pero el sol , poco a poco va perdiendo su fuerza y en su fusión con aquellas rosadas montañas, se vuelve todo de un tono lila. Poco rato, porque al fundirse del todo, el color se torna púrpura. Pero eso también es breve, ese tono poco a poco se va desvaneciendo y se transforma todo en tonos grises, el cielo, la vegetación y el agua parecen todo una misma cosa. Dicen que el gris es un color triste pero en el Nilo eso no es cierto, incluso ese color desborda belleza en ese lugar.
Sigue leyendo :

| HERRAMIENTAS para viajeros y bloggers |
RSS todas las novedades |
NEWSLETTER novedades en tu correo |
DVIAG nuestra revista digital |
GUÍAS nuestras guías |
BLOG Viajeros Mirayvuela |