Sin palabras para definir lo que se siente al estar allí, los no creyentes entramos por una puerta situada en un lateral al lado de la tumba de Saladino, el gran patio central con 122 metros de largo parece más grande cuando lo pisas. Los bellos mosaicos de la pared principal representan el paraíso para los musulmanes y en su interior las alfombras amortiguan las pisadas de la gente que no se atreve a hablar en voz alta, la tumba donde supuestamente está la cabeza de Juan el Bautista es lugar de devoción, las preciosas lámparas, los lugares dedicados a la meditación, los niños que se pasean absortos...fuera de todos los números e historias que envuelven su historia hay que estar allí dentro para sentir y dejarse llevar.