Desde gente bailando subidos en unos patines hasta grupos de oficinistas jugando partidos de baseball, en Central Park te puedes encontrar de todo. A primera hora de la mañana ya puedes ver a mucha gente haciendo deporte, corriendo, montando en bici, haciendo tai chi o yoga... Al medio día grupos de personas se van a comer allí, hacen picnics o simplemente se comen un sandwich antes de volver al trabajo. Aunque es lógico que en un parque tan grande te encuentres de todo. El estanque es famoso por aparecer en cientos de películas y de series, el restaurante que se encuentra al lado también lo es, para ir a cenar a él es imprescindible una reserva anterior. Puedes alquilar una barquita de remos y pasar un rato contemplando el paisaje desde el centro del estanque, o simplemente puedes observarlo desde el puente que lo cruza. El tiovivo es otra de las principales atracciones, tanto para niños como para adultos, aunque la parte para juegos infantiles es más grande que solo esa atracción. En el parque se pueden encontrar muchas figuras o monumentos que conmemoran la vida o la obra de alguien. Uno de los más famosos es el dedicado a John Lenon. Otra de las esculturas que más me llama la atención es la dedicada a Balto, un Husky que se hizo famoso por, en 1925, hacer llegar medicamentos a la ciudad de Anchorage, en Alaska, y que queda a más de mil millas de donde se encontraba Balto. Él fue el perro guía que consiguió que el resto de perros llegasen a esa ciudad y salvar las vidas de cientos de personas. Desde ese momento se convirtió en un héroe para todo Estados Unidos. Esta es una de las muchas historias que se pueden encontrar dentro de Central Park, aunque casi cada metro cuadrado de extensión tiene algo que contar.