Moisés está enfurecido, acaba de recibir las tablas de la Ley de manos de Dios y se encuentra con que sus hermanos están adorando al vellocino de oro. Los famosos "cuernos" de su frente no son tales, son rayos de luz, restos de su encuentro con Dios. Moisés está en movimiento, los pliegues de sus vestiduras, la pierna derecha adelantada como a punto de levantarse y la cabeza girada mirando el grotesco espectáculo de los adoradores del vellocino. Si puede acercarse a la pierna derecha observará un pequeño rasguño producido por el propio Miguel Angel al lanzarle una de sus herramientas. Se dice que el perfil del labio del labio es un autorretrato del propio Miguel Ángel.