Es escenario de uno de los mayores espectáculos del mundo y de ahí que haya sido declarada Patrimonio Oral de la Humanidad por la UNESCO. Durante el día se pueden encontrar vendedores de frutas secas, zumos de naranja, tatuadores de henna, cestos de mimbre... hacia la tarde aparecen los encantadores de serpientes, bailarines, músicos de gnaua (música tradicional). Cuando cae el sol, las sombras dan paso al encantador espectáculo de las paradas de comida, el humo que llena toda la plaza y sus alrededores, el olor a carne hecha a las brasas, salsas picantes, caracoles y té, cuenta-cuentos, malabaristas, vendedores de hierbas mágicas ... No es posible pasear por la plaza a estas horas sin sentarse a comer algo, ya sea por el aroma que se desprende como por los muchos camareros que te invitan a sentar en su parada. Es uno de los momentos más encantadores de todo el día.