Meknes
Viajero experimentado
LHASA, CAPITAL DEL TIBET Antes de entrar en materia deseo destacar de Lhasa…la luz, el azul del cielo, la limpidez de su aire...y sobre todo la inocencia, la hospitalidad y la maravillosa ingenuidad de sus gentes. El diario en si comienza cuando abren las puertas del avión y al instante comienzo a sentir mareos y dolor de cabeza. ¡Había cogido el MAL DE ALTURA¡ Como había leído sobre ello, hice un pequeño ejercicio mental consistente en decidir que no me iba a preocupar por ello. A 4.000 metros no suele ser demasiado grave, de modo que en cuanto llegué a Lhasa compré una botella de oxígeno y me la colgué a la espalda a modo de mochila. ¡Santo remedio¡ en cuanto respiraba con mis “gafitas” de oxígeno dejaba de existir el dolor de cabeza y el cansancio. Nadie tema ir a Lhasa porque en cualquier lugar, incluidos los hoteles(y me hospedé en el Ggangjin Hotel en el centro de la ciudad), te proporcionan oxígeno. De modo que el primer y único obstáculo quedó superado.
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