No es que sea una fanática de la trilogía de El señor de los anillos, pero cuando ví las películas me enamoré de los paisajes, así que nos pusimos a ahorrar para hacer nuestro viaje a la tierra de los hobbits y los elfos. Recuerdo muy especialmente un día que paramos a almorzar a orillas del Tekapo, un enorme lago de origen glaciar en los Alpes neozelandeses. No había nadie, sólo nosotros dos y nuestra caravana, y la sensación que tuve es indescriptible. Te sientes tan pequeño ante tal obra de la naturaleza y afortunado de poder estar alli.....No podíamos pedir más, el tiempo era perfecto, el paisaje más todavía, y junto a l sensación de libertad, hicieron que lo recordemos siempre. Uno de los mejores almuerzos de mi vida.